Parga Sanjurjo, el jurista que creía en leyendas

La doncella de la cueva de Viveiro baja hoy al acantilado para peinarse hasta el año que viene

A ESTAS HORAS del 24 de junio ya habrá atusado su rubia cabellera la doncella de la cueva que vive bajo el encantamiento del rey moro y que al alba desciende al acantilado con su peine de oro para darle volumen hasta el próximo año.

Es la cueva existente entre las puntas Insua y Cabalo, al sureste de la playa de Abrela, que algunos hacen de O Vicedo, pero que siguen siendo tierras de Viveiro, precisamente hasta que acaba ese arenal, si no me fallan las coordenadas.

El personaje de hoy, José Antonio Parga Sanjurjo (Vegadeo, 1841), cronista de la provincia e hijo adoptivo de aquella ría, escribe la novela La cueva de la Doncella y la publica entre 1887 y 1889 como folletón de la revista Galicia, la de Martínez Salazar, hasta que ya en 2012, la asociación cultural Estabañón la recoge íntegra en un volumen.

Allí están todos los elementos mágico-legendarios del San Xoán: cueva, doncella, peine de oro, alba, mouro, mar y piedra. Y para que la leyenda arraigue, se inventa una nueva para decir que todo es una paparrucha creada por los piratas y así alejar a los curiosos, pues en la cueva guardan sus botines. Imposible. Nunca se ha visto un pirata tan versado en etnografía sanjuanera, ni cueva tan abierta para esconder tesoros.

Como polígrafo que es, Parga aborda géneros diversos. Se hace biógrafo para hablar de personajes de Viveiro como María Sarmiento de Rivadeneira, Trelles Noguerol, Cociña, o Nicomedes Pastor. También repasa la vida de Castro Bolaño y de Lamas Carvajal, a quien por cierto sustituye como miembro de número en la Real Academia Gallega. En ese acto (28-X-1907), habla sobre La poesía en gallego y le contesta Murguía.

Ejerce de historiador para el Boletín de la Academia y redacta otros textos más técnicos, como el Juicio crítico del informe sobre crédito agrícola que emitió la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, o Galicia y las industrias extractivas.

A todo ello hay que añadir los trabajos propios de su profesión de jurista. En Santiago es fiscal de la Audiencia de lo Criminal y fiscal también en Mondoñedo, Ourense, Palencia, Lugo, Madrid y Burgos, donde se jubila. De la Audiencia madrileña es fiscal honorario y de la Sociedad Económica de Santiago, socio de Mérito.

Durante los meses anteriores a la Exposición Regional de Lugo en 1896, Parga y Varela Lenzano son comisionados para estudiar cómo se organizan otras muestras similares y no meter la pata.

En 1888 es víctima de un síncope en plena Rúa Nova de Santiago, donde se desploma cuando pasea con su amigo Núñez Forcelledo. Por fortuna, tras ellos marcha el doctor Caldolas que hace traer unas medicinas de la botica más próxima _ ¿Bescansa? _, y se recupera.

La prensa critica que una persona indiscreta se haya acercado al domicilio del señor Parga para avisar del percance a su mujer, Dolores Acevedo Caballero, y ésta se presente in situ con la alarma consiguiente cuando su marido aún no se ha recuperado. En fin, otros criticarían no dar aviso.

Achacan lo ocurrido a que Parga examina las obras presentadas a los inmediatos Juegos Florales de Pontevedra, de los que es jurado, inmediatamente después de comer, sin descansar, lo que nos lleva a pensar que los candidatos no solo son muy malos, sino también dañinos.

Parga sobrevive el percance 29 años más (Viveiro, 18-X-1917). Por el contrario, en 1895 debe enterrar a su hijo José Parga Acevedo, abogado de 28 años que fallece en la ciudad del Landro, cerca de la cueva de la doncella.

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