Los Refojo, en remedio del saqueo francés

En Corpus de 1917 se inaugura el nuevo altar de la catedral, deteriorado desde la invasión napoleónica

HOY ES DÍA grande en Lugo, el más grande, si a espíritu, historia y valimientos nos referimos, por muchos pulpos en caldero o romanos en formación que compitan en grandeza. La Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo, en domingo posterior al Corpus es privilegio único desde el siglo XVII. Y desde 1925, por medio de uno de los siete alcaldes de las ciudades históricas en exacta rotación, sólo interrumpida cuando en dos de ellas mandan sendos merluzos de cuya memoria apenas quedan las raspas.

Y por hablar de alguien colateral a la efeméride se nos vino a la mente hacerlo de José Antonio Refojo Díaz, que con su hija Noelia Refojo Franco son los continuadores de la saga de plateros que inicia en la sacramentada ciudad José Refojo Blanco, allá por el año de 1903, cuando debe cumplir aquí el servicio militar.

Viendo Refojo que salvo Mateo Manso, nadie en la ciudad es diestro en platerías, y viniendo él ya fogueado de Compostela, acaba con el ejército y abre tienda en la Praza Maior, para ir luego a Progreso, San Pedro y ahora nuevamente a Progreso, en su versión de galería comercial compartida con Santo Domingo.

Casa con María Freire Rodríguez y entre sus primeros trabajos de renombre, Refojo construye la batuta de ébano coronada de lira para el director de la banda de San Fernando, Román San José. Hasta 16 operarios se reúnen todos los días en su obradoiro, lo cual prueba la pujanza del negocio, mientras su hermano Daniel se bate el cobre, o la plata, entre relojes de Buenos Aires.

Continúan la labor de orfebres sus hijos mayores, José, Luis y Santiago Refojo Freire, cuya labor es recogida en un detallado trabajo por el historiador Francisco-Xabier Louzao Martínez, que lo publica en la revista Estudios de Platería de la Universidad murciana.

En él se habla, por ejemplo, de los pesarios vaginales que a imagen y semejanza de los modernos DIU, se utilizan antaño como dispositivos anticonceptivos y que se encargan a los orfebres para ser realizados en plata u oro, por ser metales inertes que no causarán infecciones en su lugar de destino, como hacen los actuales en material plástico.

Pero la labor más destacada de los Refojo es la de ejercer como plateros de la catedral. Su primer trabajo es significativo, pues consiste en colaborar el año 1906 con Mateo Manso en la modificación de la custodia que regala el arzobispo Sáenz de Buruaga.

Se trata de colocar en ella las rosas de brillantes donadas por Ramona González Neira, llamada la carlista de Sarria. Es un trabajo delicado que se realiza bajo la atenta mirada del obispo Murúa.

Otra huella catedralicia de los Refojo son las gradas del altar mayor, sustitutas de las que el francés destroza un siglo antes.

En este caso, la reparación es posible gracias a la intervención de otra dama, Ignacia Vázquez Queipo, gran favorecedora de la basílica. La obra se inaugura durante las fiestas del Corpus de 1917, es decir que hace dos años se cumple su centenario en días como los actuales.

Son, como todo lucense sabe, los cuatro escalones decrecientes, con las cornisas superiores voladas y con medallones de los cuatro evangelistas tetramóficos, así como variado simbolismo eucarístico alusivo.

Hoy Refojo trabaja con laser. Suyos son el broche, gemelos y pasador que reciben los duques de Lugo en su primera visita, así como la medalla y cadena de Victoria Federica y una reproducción de la muralla, también para ellos, cuando lo de Patrimonio de la Humanidad.

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