Cornide, entre traineras, esgrima y fútbol

El monfortino es la pieza que siempre encaja bien cuando se trata de formar una junta directiva

POCO LE PRECUPA a Luis Cornide Quiroga (Monforte de Lemos, 1884) que en aquellos lances de 1906 se esté ganando el título de “primer presidente histórico” del futuro Deportivo, por ser fechas que coinciden con las de otro episodio donde se juega los garbanzos; esto es, su nombramiento como secretario de Sala de la Audiencia Territorial de A Coruña, cargo que obtiene, pero contra el que se enfrenta, con demanda al Contencioso y todo, su rival y colega jurista, Alejandro Pardo Laborde.

Finalmente el Tribunal de lo Contencioso desestima la demanda de Pardo y el monfortino se queda con la presidencia del Club Deportivo de la Sala Calvet, que así se llamó aquel embrión del Súper Dépor, y con la secretaría, que ocupaba hasta entonces Ruperto Lafuente.

Ambos frentes demuestran a banderas desplegadas que Cornide luce ya un coruñesismo de cepa y cuño, pues al Dépor y a la Audiencia hay que sumarle una secretaría de la Liga de Amigos de La Coruña, que en esos años lleva la L sí o sí.

En realidad a Cornide nadie le discute su carácter de líder allá donde vaya, pues mientras se resuelve la demanda de Pardo, la prensa airea, como cosa propia y ajustada a ley, que el jurista tiene todo el derecho del mundo a ser secretario. Así lo publica el Diario de Pontevedra, que se edita lejos de la ciudad donde se dirime la cuestión, pero que al fin y a la postre, da lo mismo.

Por su honradez bigotuda y su acrisolada frente, Cornide está también en la presidencia de las Tunas de Santiago, poco más o menos cuando Pérez Lugín toma notas y tipos para su Casa de la Troya. Con las bandurrias va a Pontevedra y de ahí que se le conozca cerca del Lérez.

“Cornide es un esclavo de los libros y del continuo discurrir _ dice el plumilla pontevedrés _. Tiene tanto corazón como cabeza. Su palabra nerviosa, viril, tempestuosa, le proporciona constantes triunfos en el foro”. Y fuera de él, añadimos nosotros.

La Sala Calvet es durante esos años un gimnasio para la práctica de diversos ejercicios, especialmente por parte de militares. Allí hacen esgrima, tenis, halterofilia y forman equipos de remo para las regatas de traineras que organiza precisamente la Liga de Amigos. Bueno, pues Cornide está en todos los fregados porque es de natural dado a la vida societaria y porque exhala una confianza que todos perciben beneficiosa para sus juntas directivas.

Es más. No solo está en las directivas de los clubs, sino que también es árbitro jurado para dirimir las llegadas de las embarcaciones, por ejemplo.

La Sala, que está presidida en los años anteriores por el esgrimista Federico Fernández Amor Calvet, participa en el Campeonato Nacional y obtiene una mención para la especialidad de sable. Pero el fútbol empuja y de su avance en todos los órdenes da prueba la aparición del Club Deportivo de la Sala Calvet, con su flamante equipo de este nuevo deporte que preside Luis Cornide Quiroga.

La rivalidad con Vigo surge ya en el minuto cero, pues apenas existe la sección, la Calvet, o el Dépor, es invitada al amistoso con el que se inaugura el campo del Fortuna en aquella ciudad de la Oliva.

Para disputar el primer campeonato gallego de este deporte se apuntan los dos equipos ya citados, el Pontevedra Sporting Club, el Club Coruña, el María Pita Foot Ball Club, el Santiago y el Vigo Foot Ball Club,

Años después sufre la depuración política del nuevo régimen y es condenado a 12 años de cárcel, aunque solo cumple uno en El Dueso antes de morir en 1946.

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