Pillado, a la vanguardia en jabones

Hace un siglo se creía que las ciudades modernas debían fabricar de todo

MUCHOS LUCENSES SE preguntan quién habrá sido la mujer a la que se le dedica un hermoso caserón con jardín delantero que hoy sigue luciendo en su frontispicio el nombre de Villa Emma.

Esa mujer fue Emma Cazenave Prieto, primera esposa de Hipólito Pillado Legaspi (Pol, 1862), un pujante industrial que destaca entre sus compañeros de estudios. Es hijo de Antonio Pillado y de María Manuela Legaspi y Ocampo, fallecida en Santa María de Fraialde (Pol) el año 1917. Tiene seis hermanos, José Ramón, Constantino, Modesto, Vicenta y Flora. En 1884, cuando apenas sobrepasa la veintena, se marcha a Uruguay para hacer las Américas. Permanecerá en Montevideo catorce años.

Cuando en 1898 regresa a Lugo su primera casa será el 17 de San Marcos, hasta el traslado a esta Villa Emma de la Ronda de Castilla que don Hipólito dedica a su esposa, como el médico Pedro Gasalla hace lo propio con la suya, gemela y adosada a ella, a la que llama Villa Ángela.

Pero la enamorada pareja se va a mantener unida muy poco tiempo, ya que el 24 de septiembre de 1909, finalizando el veraneo en Covas (Viveiro), doña Emma fallece, dejando madre, esposo y un hijo, Raimundo, que apenas tiene 9 años.

La desgracia para Villa Emma se culmina seis años más tarde, cuando Raimundito muere también de forma prematura. Poco después, ese mismo año de 1915, contrae segundas nupcias en Betanzos con Marcelina Díaz Regueira, que le dará su segundo vástago, también de nombre Raimundo en recuerdo del primero. Raimundo Pillado Díaz será un conocido farmacéutico con despacho abierto frente a la Porta de Santiago, cuya viuda acaba de fallecer.

La tarde del domingo 20 de abril de 1902 había inaugurado su fábrica de jabones La Campana, levantada en el lugar de Friás, al lado de la estación del tren.

Los cronistas alaban los vanguardistas procedimientos elegidos. Es la época en la que todavía no se intuye la globalización y se cree que el futuro de las grandes ciudades radica en fabricar casi todo en ellas, desde jabones hasta medicinas. Y estuvo bien, mientras duró.

Los aceites, la sosa y el resto de productos son los mejores del mercado. Fabrica jabones de cinco calidades y ocho tipos, con ventaja sobre los de Castilla en la gama alta, y sobre los de Sevilla, entre los económicos. Ese día ya dispone de toneladas de jabón. De hecho, a mitad de jornada ha despachado doce quintales al por mayor. Así las cosas, en octubre se ve en la necesidad de ensanchar la fábrica y aumentar las calderas.

Un equipo de comisionistas distribuye el jabón por Galicia y al frente de la fábrica ha nombrado a un experimentado director de Madrid, Luis García. Al jabón une la marca Santa Rita, de chocolate.

Después de visitar las bien ordenadas dependencias de La Campana, los presentes son obsequiados con un lunch de Champagne y habanos servido por el Méndez Núñez que satisface cualquier expectativa.

Tres años después, Pillado, Laureano Tato, Antonio Correa, Pedro Gasalla y Álvarez de Mendoza fundan El Porvenir eléctrico, Sociedad Anónima de Energía Eléctrica, Calefacción y Fuerza Motriz, para llevar “a Lugo, Sarria y otros pueblos inmediatos”. Y en 1920 solicita trasladar La Campana al nuevo edificio del paso a nivel de la estación del ferrocarril.

Hacia 1931 ocupa una concejalía en el Ayuntamiento de Lugo y en 1933 preside el Partido Republicano Conservador, dentro de la Derecha Liberal. El mayor logro de esta etapa es haber conseguido el hormigón para la Porta de San Fernando. Siempre alrededor de la muralla.

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