Bolado, el andarín arúspice que no regresó

El 20 de junio de 1923 comienza un recorrido del que se pierde la pista año y medio después

SOTERO BOLADO ALONSO es director del Instituto de Lugo, donde muere tísico con 36 años. Había pedido el traslado a Málaga en busca de un clima más benigno, pero la medida no se produce. Sotero despliega una gran actividad en torno a la fotografía. Siendo vecino de la calle de San Pedro, 23, no es arriesgado imaginarlo de charla con Salvador Castro Freire y con Maximino Reboredo Blanco, pioneros de esta técnica.

Su viuda, Atanasia Sánchez, y sus cinco hijos quedan en una situación económica complicada. El mayor es Alejandro Bolado Sánchez (1888), de seis años, Con 23 lo encontramos como guardia de Seguridad en Ourense y A Coruña, pero en 1915 protagoniza un escándalo en un prostíbulo. Anda dando tumbos y en 1916 intenta suicidarse con unas pastillas de sublimado. Dice que se halla en estado de indigencia y no tiene otra salida, pero le salvan la vida.

Pasa cinco días en el hospital, y de nuevo lo devuelven al mundo. A Alejandro se le pierde la pista hasta 1923, cuando lo reencontramos convertido en un auténtico globe-trotter, que entonces es la denominación más usual para definir a los andarines. Tal día como hoy, el 20 de junio de 1923, cuando ronda los 35 de edad, sale de Lugo con quien la prensa dice que es su hermano Eduardo de 21 años, aunque es un sobrino que vive en Salamanca

Impelidos por la aventura, la necesidad o una combinación de ambas, el tío convence al sobrino para echarse al mundo y éste se acerca a Lugo en los días previos para iniciar juntos una aventura sin visos de un punto y final.

Los Bolado se proponen emplear veinte años en dar la más extraña vuelta al mundo que jamás se hubiera emprendido. Alejandro y su sobrino van a Coruña, Ferrol, Santiago y el 7 de julio llegan a Pontevedra. La prensa se hace eco del acontecimiento y habla de dos simpáticos muchachos _ “pédibus andando” _, “que llevan el decidido propósito de dar un paseito alrededor del mundo, a pie y sin dinero; audaz empresa en la cual piensan invertir veinte años”.

Aunque solo llevan 17 días de caminata, en Pontevedra aseguran que ya están en las carreteras desde hace un mes, una cuenta que quizás hacen ellos mismos para darse algo más de importancia. “La del alba sería cuando los dos audaces y desenfadados muchachos salieron, hace un mes, de la histórica ciudad de las murallas, dispuestos a poner en práctica su idea, escogiendo su itinerario por el método que emplearon en sus juegos los viejos arúspices”.

Si Alejandro se propone ser fiel imitador de este tipo de adivinos, hemos de imaginarlo realizando todas las mañanas el sacrificio de un animal, para intentar leer luego en el aspecto de sus entrañas la ruta que debe seguir las veinticuatro horas siguientes. Fijándonos en el mapa adjunto, donde se recogen los movimientos de los Bolados durante 1923 y 1924, bien se puede concluir que el arúspice Alejandro no parece leer con coherencia el mensaje de los dioses. O sí, y somos nosotros quienes no sabemos nada de sus designios, porque a veces las entrañas de las aves son confusas.

Por el reflejo que deja su paso en la prensa de las ciudades visitadas sabemos la velocidad a la que se mueven. Así tenemos constancia de que el 9 de julio llegan a Vigo. Y luego Badajoz, Sevilla, Cádiz y Málaga. Planea atravesar el Sáhara, pero Alejandro, ya en solitario, vuelve hacia el norte. Lo reencontramos en Ourense y Santander.

Quiere ir a Francia, pero su pista se pierde el 12 de noviembre de 1924. Ojalá haya llegado muy lejos.

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