Hipercor, el asesino vive en casa

El 19 de junio de 1987, ETA causa una matanza de la que ella misma se avergüenza

FUE El 19 de junio de 1987 y adoptó las formas de un bombazo a la cara de todos los españoles, aunque claro, quienes sufren en su piel los efectos devastadores de la bola de fuego que sube desde el aparcamiento del centro barcelonés de Hipercor, solo son los que están allí. Unos ciudadanos a los que otros compatriotas han decido aniquilar calcinándolos para dar cumplimiento a una política criminal y absurda, parida por mentes enfermizas.

Hoy, cuando se cumplen 32 años del múltiple asesinato _ atentado es un concepto condescendiente y cobarde para definir lo que allí ocurrió _, existen dirigentes políticos que basan su estrategia para alcanzar o mantener el poder en la colaboración con los promotores de esas matanzas.

Son los mismos que maquinan para limpiarles el expediente, o se sientan a desayunar con ellos más a gusto que lo harían con los familiares de sus víctimas. Y lo que es peor, reciben los votos de una inconsciente mayoría de españoles que les permiten encarar la gobernación como si no estuviesen chupando el rabo de Satanás en cada bocanada de aire que respiran, así les suba por la garganta la misma bola de fuego que aquel día ascendió desde el garaje de la avenida Meridiana para llevarse 21 vidas y dejar otras 45 con una herida indeleble.

Habíamos avisado por teléfono, dicen personajes tan sospechosos de no pertenecer a la raza humana como los miembros de aquel Comando Barcelona, Josefa Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride Simón.

Habíamos avisado de que el diablo estaba fuera del infierno dispuesto a sembrar el terror a manos llenas. ¿Y qué? ¿De qué les exime eso?

Una de las 21 víctimas que hoy observan cara a cara a los traidores, estén donde estén, es María Emilia Eyré Diéguez de Temes (Chantada, 1943), unos apellidos fáciles de identificar con la zona sur de la provincia lucense.

Tiene en ese momento 44 años y aunque desde niña vive en Barcelona, se ha casado muy jovencita en la capilla de la Casa de Riopedroso, solar de los Eyré, con Rodrigo Galicia Álvarez, que será uno de los 45 heridos ocasionados por la barbarie.

En la boda que se celebra en Chantada actúan como padrinos su padre, Antonio Eyré Lamas, y la madre del novio, Asunción Álvarez González. Ella es sobrina de Emilio Francisco Eyré Lamas, el promotor del templo de Nuestra Señora de Fátima en Centulle.

En la fatídica fecha acude con su marido y su único hijo al centro Hipercor. Este último decide esperarlos en un local próximo al centro comercial, aburrido por el ceremonial de las compras, lo que le salva de verse en medio de la mortífera llamarada que idea ETA, para castigar algo que ellos son incapaces de crear, puestos de trabajo.

Se elige napalm por primera vez. Es decir, un explosivo directamente destinado a causar el mayor daño posible entre las víctimas. Suman una carga de 200 kilos, 30 de los cuales son amonal, 25 de napalm, gasolina y escamas de jabón, todos ellos depositados en el maletero de un Ford Sierra. No es que haya asesinatos inocentes y otros culposos, pero cuando reúnes en un vehículo este cocktail, has eliminado cualquier opción a decir que no pretendes hacer el daño causado, como así tuvimos la desvergüenza de escuchar durante años.

En 2018, ETA escribe en Zutabe que Hipercor fue su mayor error y desgracia. Una nueva mentira. Si algo fue error _ ellos sabrán en qué se equivocan _, no les exime de criminalidad. Si fue desgracia _ y no lo dudamos _, siempre estuvo en sus manos haberla evitado.

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