El jovencito Pimentel

Nómina de lucenses que compartieron infancia y juventud con el autor de Sombra do aire na herba

EL JOVENCITO PIMENTEL (Lugo, 1895), debuta en prensa como niño modélico. Entiéndase bien, nada de fotos, sino de expedientes. El suyo es uno de los más brillantes que exhibe la Academia de San Antonio, ubicada en Conde Pallares, 2, es decir, al ladito de su casa.

El anuncio se publica en el número 38 de El Progreso (30-IX-1908), un mes y pico después de su fundación, y cuando Luis tiene 13 años. Ha obtenido un sobresaliente y una matricula de honor, lo que le hace ser de los mejores, como Antonio Chaos Losada, Emilio Ceide, Francisco Vázquez Gaña (Graña?), Luis Bal y Gay, Alejo Madarro y José Benito Pardo hijo.

En realidad, ya había aparecido en El Eco de Galicia el 26 de diciembre de 1895, en compañía de Dositeo Sanfiz Pérez, para anunciar a todo Lugo que habían nacido. El poeta lo hizo a las 6 de la tarde del pasado día 18, como apunta con precisión Araceli Herrero Figueroa.

Antes del apellido Pimentel, el recién llegado viene con otros cinco, Vázquez, Fernández, Barreiro, Díaz y Pereira, pero éste fue escalando posiciones hasta encaramarse justo detrás del nombre, o incluso sin él, como firma a veces.

En 1911, a punto de terminar el bachillerato, hay una esporádica aparición en prensa a causa de unas protestas estudiantiles, y ya el 27-IX-1914, se anuncia que han finalizado esos estudios con sobresaliente, Andrés Basanta Silva, y con aprobado, Lauro Castrillo Santos, Manuel Menéndez Arrúe, Enrique Martínez, Francisco de la Barrera y Pardo, Severino Ledo, Alfonso Quintana, Antonio Cordido y Pimentel.

Son los años en los que algunos amigos se agrupan bajo el nombre de Os Godallos, tanto para divertirse, como para llevar a cabo representaciones teatrales, musicales o literarias.

Es posible que se hayan fijado en el término godallo dentro de algún poema de Noriega Varela. La palabra es polisémica. Por un lado sirve para definir a una persona desaliñada, descuidada en el vestir e incluso que huele mal, y por otro, al castrón o cabrito que está en celo. Rebeldía y sexualidad, rasgos propios de la juventud.

El núcleo duro lo forman Andrés Olano y Silva, los hermanos Cora _ Antonio y Puro _, José María Blanco, Francisco Fleitas y Pimentel, aunque el entorno amical es más amplio según qué tipo de juerga, baile o apropósito teatral se organice, de forma que también cabe citar a Mario y César Páez, Fernando Carballo, Ángel Pardo, Edmundo Fernández, Juan y Lauro Castrillo, Andrés Muruáis, Eugenio Olano, Nicolás Arias, Felipe Fernández Vivero, Román Hermida, José Fontao, Guillermo Arce, Nilo Fernández o Augusto Pozzi.

Una de las piezas fue la bilingüe El parque da fala, que firma un extraño Roberto Caín de Santaoya, seudónimo de Antonio de Cora.

Se cuenta de un desplazamiento que realizan a la capital coruñesa para asistir a un baile y yendo todos de smoking en coche descapotable, embisten a un grupo de gallinas que vuelan despavoridas hasta que una suelta un huevo que se estampa contra la pechera de uno de ellos. ¿La de Pimentel?

Correa Calderón recuerda el arranque de unos versos que Blanco le envía: “Motoreaba una mujer al mear”. Godalladas.

Luego vienen los años de Santiago y el poeta aparece en la notas de sociedad yendo y viniendo con otros universitarios de Lugo. Iván Pedrosa Soler, Jesús Latas, Manuel y Segundo Grandío, Ángel Rosón, Ángel y Primo Roca Novo, José de Cora o Jesús Rodríguez Pedreira. Y ya al final, José de la Mota y Manuel Paleo Pais, de Viveiro.

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