De farra con el marqués de Villaverde

Luis Cortiñas pone en contacto a María Dolores Pradera con el dúo Los Gemelos, que tocarán con ella toda la vida

A LO LARGO de su carrera como requinto de varias formaciones músico-vocales, Luis Cortiñas López (Lugo, 1931) ha vivido noches de aplausos y cientos de anécdotas, pero para la historia de la canción española, Cortiñas se gana su puesto con una sola frase, el día en que le presenta a María Dolores Pradera dos hermanos que tocan la guitarra, Julián y Santiago López Hernández, Los Gemelos, que continuarían con la cantante hasta la muerte del segundo de ellos en 1993.

Cortiñas ya había acompañado a María Dolores y siempre mantuvieron una buena relación. De hecho, cuando Pradera actúa en el Gustavo Freire de Lugo en diciembre de 2007, como remate de los fastos conmemorativos del séptimo aniversario de la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad, ¡uf!, Cortiñas se mete entre bambalinas _ backstage, se dice hoy _, para darle un beso en recuerdo de los tiempos idos. Al verlo, ella exclama: “¡Mi requinto favorito!”

A Luis le bailan un poco las fechas, pero hoy, cuando transita felizmente por los 88 años de edad, relata vívidos todos y cada uno de los episodios de su dilatada biografía, desde Tino Prados, que le pone las manos en la guitarra, a José Luis Pécker, que bautiza uno de los tríos a los que pertenece como Los Águilas, ayudándoles también a difundir sus canciones a través de Radio Madrid.

Entre sus compañeros de formaciones se encuentran Pedro Álvarez, el primero; José Méndez Menéndez del Llano, con el que actúa en el Club Trinka de Berlín, o Manolo Sandar, de vuelta a Lugo, además de otros músicos y cantantes que integraron Los Brillantes, Los 3 Brillantes, Los 4 Brillantes, o Los Águilas, ya citados.

Todavía con cierto respeto a la discreción profesional que se les exige en su momento, recuerda aquellas tardes de los martes en Alazán y en Riscal, cuando Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde y yernísimo de Franco, cierra el local, o parte del mismo, para montar una jarana con amigos y compañía femenina “que suele acabar en pelotas”, teniendo al grupo de Luis como fondo musical. Si pimplaba mucho “cantábamos A Rianxeira con el marqués. También iba por allí Porrina de Badajoz”.

Como Luis dice que esas farras tienen lugar a unas horas tan católicas como las tres de la tarde, y dado que Marqués de Riscal y la calle Ayala se encuentran muy cerca, pienso si el marqués va o viene del privée cuando se lleva por delante con su coche al periodista Manolo Molares con su moto. Pinta posible, porque el accidente fue a las tres y cuarto.

Otro momento de ésos que dejan huella en la memoria de cualquier artista fue verse un Fin de Año rasgando cuerda ante Juan Domingo Perón, cuando el descamisado ya era vecino de los madriles. Si Paco León no incorpora ambas escenas a su Arde Madrid es porque no las conoce, pues pegan como dos pistolas a un vaquero.

En este trajín de tocar aquí o acullá, surge un día la posibilidad de animar la fiesta de puesta de largo, mayoría de edad o sarao cumpleañero de una jovencita que resulta ser la hija del mandamás de Discos Columbia. Como el fiestorro se celebra en la casa paterna, el hombre les escucha durante todo el guateque y al final, tras abonarles lo convenido, les pregunta: “¿Os gustaría grabar un disco?” “Más que comer caliente”. “Pues pasaros por Columbia y a ver qué hacemos”.

Lo que hacen son cuatro discos single a 45 r.p.m. como el que ilustra el cromo. Les ofrecen una cantidad a tanto alzado por los cuatro y se olvidan de porcentajes sobre la venta. Aceptan. Es dinero seguro.

Tiempo después Los Brillantes es un bar de Lugo de la calle Otero Pedrayo.

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