Rof, el sabio que surgió de Lugo

El padre de la medicina psicosomática, Juan Rof Carballo, cumpliría hoy 114 años

JUAN ROF CARBALLO (Lugo,1905) cumpliría hoy 114 años y aunque cualquier percha es buena para volver sobre su impresionante e inabarcable figura, nada mejor que imaginarlo delante de una gran tarta de 114 velitas antes de abrir su consulta en Ayala 13, como cada día, para curar los males de la aflicción a los madrileños y a las gentes llegadas para eso.

Durante cinco años mi destino mañanero es Ayala 5 y cuando la información no aprieta, busco tertulia al lado de Borobó, con despacho en la planta superior a la mía. Hablar con Borobó es refrescante en aquel Madrid tardofranquista, porque como dijo años después Perfecto Conde, “Borobó era el hombre que sabía de todo”, incluso cosas de uno mismo que tú ignorabas.

El entonces director de Chan se siente aquejado del complejo de Polícrates, como Rosalía, e incluso a él le dedica una obra de teatro, quizás para explicarlo; aunque quien mejor lo explica y define es Rof Carballo. Se trata del sufrimiento que el paciente experimenta en los momentos de máxima felicidad, convencido de que la vida se lo hará pagar con episodios de máxima tristeza.

“Habla con Rof Carballo, que está ahí, a unos metros y con consulta abierta”. Y Borobó contesta: “Pero si ya hablé y fue él el que me diagnosticó”.

Es curioso que Rof, otro gallego al que le encaja la definición de Perfecto, esté a cien metros del despacho de Borobó, Serrano mediante, y es curiosísimo que uno sea paciente del otro por un complejo que solo puede afectar a personas de exquisita sensibilidad. A Rosalía, a Borobó y pare usted de contar.

Rof recuerda que iba para veterinario, tal como desea su padre, si no se cruza en su camino con dos libros, mucho antes de conocer a los grandes autores que se citan entre sus maestros. Y seguimos con curiosidades, porque los dos libros que apartan al joven Rof de la veterinaria son escritos por sendos profesionales de esa rama y están presentes en la biblioteca lucense de su padre precisamente por eso.

Uno es Nociones de Patología Quirúrgica Veterinaria, de Jesús Alcolea Fernández, que él cita como Patología General; y el otro, la Enciclopedia de cultura general que el precoz intelectual, brillante veterinario y prematuro cadáver Juan Téllez y López, alias Jutelo y alias Guer Bañas y Dicas, escribe para los Bailly-Bailliere. No me digan que su segundo seudónimo no es de los que imprimen carácter. En este último caso, Téllez es amigo de Rof Codina y todo sirve para componer la grandísima paradoja.

¿Qué hay en esos libros que ejerce una influencia tan decisiva en el futuro del sabio, haciéndolo sabio desde el momento de leerlos? Fundamentalmente dos cosas: un sistema y unos conocimientos. La piedra filosofal para comprender desde ese instante que todo en esta vida está interrelacionado como la red de una araña _ cuerpo y alma; salud y enfermedad; euforia y tristeza _, y si el sistema se analiza con los conocimientos correctos, es posible comprenderlo todo.

A partir de ese momento, el médico, el intelectual, el gurú, acumula saberes, pero el sistema _ la semántica _ como dice Ramiro Álvarez Fernández _, ya lo tiene y con él es capaz de enfrentarse a los miles de misterios con los que lidia a través de libros, prólogos, artículos y conferencias sin que su afán por llegar al núcleo de la verdad parezca tener límites, no solo en la medicina psicosomática, sino en el arte, la sociedad, la literatura o cualquier otra manifestación humana.

De modo que desde este rincón de la urdimbre, feliz cumpleaños, maestro.

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