Campoy, un as de la aviación con sombrero de paja

Hace medio siglo finalizaba la década en la que dominó las competiciones por etapas en España y Europa

HACE 50 AÑOS, la avioneta de Ángel Campoy García (Huesca, 1921) que participa en la VI Copa del Generalísimo de la Vuelta Aérea a España debe realizar un aterrizaje forzoso en Córdoba, lo que le impide acabar la prueba.

Hasta ese momento (1969) y durante toda la década, el director de la Escuela de Pilotos de Santiago, un señor que en carlinga se toca con un sombrero campesino de paja a manera de amuleto, ha sido el más destacado en el aire, con varios campeonatos y subcampeonatos.

Aunque ya es vecino de Lugo y con familia asentada en la ciudad, Campoy permanece ligado al Aero Club de Santiago, de donde es la Jodel-D112 con la que gana su primer subcampeonato de Europa en compañía de Enrique Lazo. Se trata de la II Vuelta Aérea a Europa, en la que triunfa España por equipos, con las avionetas de Campoy, Madrid y Barcelona. Es el aparato más pequeño, pero se impone a los otros 85 aviones, menos a uno.

En 1962 la Vuelta disputa por primera vez la Copa del Generalísimo, que es como si Franco estuviese vigilándolos a todos. A las doce de la mañana del 3 de junio, la Jodel despega de Labacolla para incorporarse a la prueba, pero los allí reunidos se llevan una sorpresa morrocotuda cuando ven que en el lugar que debe ocupar Lazo, detrás de Campoy, hay una mujer.

¿Qué ha pasado? Pues muy sencillo, causas de fuerza mayor impiden a Lazo hacer la salida, y Ángel, lejos de renunciar a la prueba, le ha dicho a su mujer, la lucense María Ángeles Vázquez: “Cariño, ¿te vienes a dar una Vuelta?” La mujer, que es alumna de pilotaje civil deportivo, acepta y allá se va el matrimonio en pos de la copa.

Componen un equipo peculiar. Al verlos llegar, sus rivales lo comentan con asombro. Una pareja y encima él con sombrero de segador, contra 75 aparatos, de los cuales hay 48 militares, y cinco aviadores del ejército USA.

Va a ser una prueba “difícil, dura y emocionante”, como declara Campoy a Rey Alvite cuando la finaliza. Desde la primera etapa el capitán Chamorro, del Ala de Reactores número 1 de Manises (Valencia) toma ventaja, pero los Campoy y el capitán Villalba, de la Academia del Aire, empatan en la segunda posición. Pocas alteraciones se registran hasta el final, salvo que el matrimonio de Lugo deshace el empate y consiguen el subcampeonato en solitario.

También aquí la Jodel es una de las más modestas, pero en manos de Ángel se revela como la que mejor se adapta a estas pruebas por etapas.

Con el título en el bolsillo, Campoy descubre un secreto. Cuando se disponen a despegar para cubrir la etapa Sabadell-Lérida, varias avionetas que lo han hecho antes regresan con malas noticias sobre el tiempo reinante: “¡Hay tormenta! ¡Mejor será que no salgan!”

Ángeles lo escucha asustada y ruega a su marido esperar a que amaine. El caso es que Ángel no es de los que se echan atrás por cuatro centellas, de modo que le dice a ella que suba, que solo harán un pequeño recorrido lejos de la tormenta, cuando en realidad van hacia ella.

_ En mi vida he visto tantos rayos a un lado y a otro, por encima y debajo del avión. Era espantoso. Tomamos considerable altura. Sobre Montserrat la tormenta era impresionante. Cogimos un bache que nos hizo descender 500 metros de un solo golpe… _ ¿Y ella?

_ Preguntó por qué habíamos bajado tanto. Yo le respondí de una manera ingenua, pero estudiada: “Sencillamente, pierdo altura a propósito”. ¿A propósito? ¡A la fuerza! Gracias a Dios se corrigió todo. Ella comenzó a rezar el Rosario hasta que tomamos tierra felizmente en Lérida.

Cuando es campeón de España (1963), Campoy recibe la medalla al Mérito Deportivo y luego será uno de los fundadores del Aéreo Club de Lugo, con Ramiro Rueda, García Portela, Pardo Ouro, Pepe Páramo, Víctor Basanta, Aniceto Puente, José Mª. Velayos Pérez-Cardenal, José Abelleira, Cruz Lamas, Morales Parrondo, López Rábade, Eduardo Tomé, López-Díaz Pallín, Fernando Arias, Gonzalo Bermúdez de Castro y Rivera Manso.

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