Prieto Rouco, entre Franco y el anticaciquismo

La A. de Viudas de Vilalba cumple hoy 19 años en la casa de la Cantora de la Terra Chá

DESDE EL 26 de mayo de 1990 existe la Asociación de Viudas de Vilalba que lleva el nombre de Carmiña Prieto Rouco (Vilalba, 1901), y desde hace 19 años ocupa la casa de la poeta en Porta de Cima 17, que es lugar de Prietos y Roucos a partes iguales, tanto que se tiende a pensar que todos, los cardenales, los catedráticos, las poetas, los obispos y los capellanes del Rey pertenecen al mismo tronco. Aunque algo de ello ha de haber, no nos atrevemos a desenmarañar tamaño árbol genealógico de Ramudos, Varelas y Poupariñas.

Quien hace por cubrir de árboles las cercanías fue el comerciante habanero Antonio Prieto, padre de la dulce Carmiña, pues cuando la moza frisa los diecisiete de edad, el hombre prolonga la calle Real _ ¿la Mayor?, o sea, Porta de Cima _, construyendo un nuevo tramo sin acudir a las arcas municipales, sino soltando la guita de su bolsillo, que es actitud perdida en nuestros días. Y luego, no contento con eso, la siembra de árboles hasta el lugar de Chamoselo. El cronista augura a este paraje el éxito entre paseantes.

Antonio Prieto está presente cuando la Unión Ciudadana Anticaciquil le hace entrega a su hija de una pluma de oro en el que seguramente fue el mayor homenaje que la escritora recibe en vida.

Ella lo agradece con un soneto donde desdobla el obsequio en un triple instrumento para su trabajo: pruma, bisturí, e cincel armado.

Pero no es ése el poema de Carmiña que más se recuerda, al menos hoy; sino el que dedica a Franco y le hace figurar en el grupo de las “mujeres poetas franquistas” con mayor o menor mérito, con mayor o menor motivo. En su momento culminante, dicen sus versos: “el apóstol Santiago encarna en Franco / (¡de nuevo encarna en hijo de Galicia!) / y lo envuelve en laureles de victoria / y lo colma de glorias en porfía”.

En esa misma dirección política encontramos la Canción de olas, de muerte y de historia, dedicada a los marinos del Baleares, que finaliza diciendo: “¡Morir cantando valiente / Puede hacerlo solamente / El que muere por España!” Lo fecha Carmiña en 1938, “II Año Triunfal de la Era Azul”. Para más datos, programa de mano.

O mucho nos equivocamos, o quienes reclaman para ella el Día das Letras Gallegas van a encontrar en estas breves palabritas de ambos poemas un mojón infranqueable, valga la redundancia, en contra de sus nobles propósitos.

Carmiña animó muchas veladas teatrales y literarias de Vilalba. En una de ellas estrena tres piezas teatrales de carácter jocoso _ Non me olvides, O lexionario y O maior triunfo _, y en otra del Centro de Artesanos, una tragedia titulada O embargo, que suena a Gabriel y Galán, a Colau y a Carmena.

Escribe varios himnos. Al Racing, uno. Otro, a la Terra Chá, publicado en su último libro, llamado O derradeiro, con toda razón; así como a los anticaciquiles y a otras sociedades gallegas y americanas. Unos se los pedían, otros salían de ella. De Carmiña se dijo que conectaba mejor con la fibra sensible de los gallegos emigrados en Cuba, Argentina y Uruguay, donde fue más conocida, que con los de Galicia. Puede ser cierto, en parte por su tendencia al enxebrismo nostálgico y por su vinculación con Cuba, pero lo cierto es que fue poeta en su tierra y aquí se recitan sus composiciones con devoción.

Pese a ello, Aquilino Iglesia Alvariño opina que es poco conocida en los ambientes literarios y Antón Villar Ponte lo corrobora, pues saluda la aparición de su poemario Horas de frebe, alegrándose de que su autora sea “una señorita coruñesa”.

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