Bujados, diseñador de la moda del futuro

En Viveiro se puede ver hasta el 3 de junio una exposición inédita sobre el dibujante

VIVEIRO ATESORA COMO pocos municipios una nómina de personajes destacados que sin tener una relación familiar con esas tierras, dan en nacer allí por distintas circunstancias. A partir de ese momento, la vinculación con la ciudad queda sellada y en algunos casos, con gran fuerza.

Uno de ellos es Manuel Bujados (Viveiro, 1889), cuya obra consigue maravillar ciento treinta años después de su nacimiento, como se comprueba en la exposición que permanece abierta en la Biblioteca Pública Municipal de Viveiro hasta el 3 de junio, con añadidos inéditos suyos.

Evaristo Correa Calderón nos acerca a Bujados a través de dos entrevistas que en realidad son una sola, pese a espaciarlas casi dos años, del 29-XII de 1918, que la publica por primera vez en Renovación Española, al 29-II _ raro día _ de 1920, en La Ilustración Española y Americana.

Correa, entusiasmado por el vanguardismo de su comprovinciano, se entrega a él para promocionarlo. Una vez solo publica las respuestas de Bujados, y la otra, también con las preguntas.

El de Viveiro le ofrece la clave para alcanzar el arte: “Se empieza a ser algo en arte (cuando en el fondo no llevamos escondida ninguna de esas cosas turbias que se llaman negocio, oficio y vanidad), por la razón un poco inconsciente del porque sí; ésa fue la razón porque empecé a jugar con los colores y con las líneas”.

Le descubre que sus primeros trabajos a los 19 años, cuando hacía “cartones que no soñaban con ser vistos jamás, llenos de símbolos laberínticos e ingenuos”, era “un poco absurdo”, pues provoca que caigan sobre ellos palabras que él considera nefastas, como literatura, exquisitez o perversión.

A la vista de la obra de Bujados bien se puede corregir su juicio y pensar que, en todo caso, estaba naciendo en él el tremendo artista que el adolescente llevaba dentro.

“¿Cuáles son sus normas estéticas?”, le pregunta también Correa, y la respuesta es intrincada, como las volutas de algunos de sus adornos: “El mayor tesoro de emoción en la mayor perfección técnica. Pero matando todo lo perfecto, si es necesario, para obtener todo lo emocionado”.

Pasa el tiempo y Bujados entra en la nómina de dibujantes conocidos y apreciados. Tanto es así que la revista del momento, Crónica, hace una encuesta entre los más famosos para conocer cómo creen ellos que vestirá la mujer del futuro, un tema frívolo que hoy, 85 años después, se presenta revelador y sugestivo.

“Como supongo que para entonces el mundo habrá recobrado el juicio _inicia Bujados su optimista respuesta _, el gusto por las cosas bellas estará de nuevo entre los hombres. Hemos quedado en que estamos en una nueva Edad Media, y profetizo el reinado de los monos azules para los dos sexos, si Dios no lo remedia. Pero… la imaginación es inconstante; después vendrán los rojos, los verdes, los amarantos…, y dentro de cien años el Gran Lujo de la luz será el dueño del mundo. Y nos vestiremos (me gustaría mucho verlo) de resplandores y de temperaturas, como arcángeles y como astros. (…) Para la vida corriente, ya será otro cantar. Se llevará el casco emisor, receptor y aislador (afortunadamente) del pensamiento. La antena comunicante de las palpitaciones cordiales. El cinturón eléctrico de la virtud, para defenderse de las invitaciones materialistas demasiado apremiantes. Y, por último, las pilas radiantes de calor y de luz, que envolverán el cuerpo en una atmósfera de temperatura y de asepsia perfectas. Total, un asco, porque no se morirá nadie y no servirá para nada el sentarse en ninguna puerta para ver pasar el cadáver de ningún enemigo putrefacto.”

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