El músico más popular es el más odiado

Hace cuatro siglos no hay romería sin los cantares gallegos de Felipe Pardiñas

HEMOS ENCONTRADO SEIS referencias a Felipe Pardiñas (Lugo, 1600?), aunque todas miran por el rabillo del ojo a las anteriores, de modo que poco podremos añadir al respecto, salvo ser los séptimos en repetir lo que de él se conoce.

Tratándose de un músico se pueden imaginar los autores que hablan de él. Apunten, Rafael Mitjana y Gordón, Vesteiro Torres, Indalecio Varela Lenzano, José María Varela Silvari, Manuel Molina Mera, alias Amor Meilán; y Juan Bautista Varela de Vega.

Todos ellos coinciden en la originalidad de Pardiñas, un hombre que se sitúa en el Lugo inicial del siglo XVII, sin mayores precisiones sobre su fecha de nacimiento. Molina Mera lo redescubre precisamente el 17 de mayo de 1922 en El Eco de Santiago, como si se tratase de un homenaje anticipado al futuro Día das Letras Galegas.

Porque Pardiñas tiene mucho que ver con las letras y con Galicia, aunque más con las notas musicales. Citando al “erudito musicógrafo” Mitjana, Amor Meilán nos lo presenta efectivamente como muy original y “absolutamente aislado en el mundo del Arte”. La intriga crece en torno al personaje.

Dicen estos autores que tan apegado se sentía a Lugo, que jamás quiso apartarse de la ciudad, aunque no señalan dónde sitúa Pardiñas el límite de sus fronteras. Yo tengo un amigo que en cuanto traspasa alguna puerta de la muralla hacia el exterior, se siente en el extranjero. De modo que Pardiñas tampoco nos parece una excepción.

Le cae bien al Día das Letras Galegas porque fue autor de muchos cantos populares, religiosos y profanos, a los que sus estudiosos llaman “cantares gallegos” en un nuevo ejercicio de anticipación histórica.

Dicen que los fiesteros y feriantes los entonan con entusiasmo en sus reuniones campestres y en “la gran peregrinación compostelana”. En ese sentido, destacan de su obra la posibilidad de conocer hoy el alma poética del pueblo gallego en el siglo XVII a través de un hombre tan apegado a la tierra como las penas de Oirán que son imposibles de trasladar.

Pese a tanta música y tantas alegrías, el lado negativo de Felipe Pardiñas lo pinta como un hombre más raro que un perro verde, huraño hasta la mala educación, retraído hasta la grosería, solitario hasta el insulto.

¿Qué hacer entonces? Se le quiere por lo mucho que nos hace cantar bellas melodías de la tierra, o se le rechaza y que lo aguante la señora Pardiñas, madre o esposa, si es que las tiene.

El pueblo, que es muy sabio, hace ambas cosas. Canta, baila y reza al son que Pardiñas manda, pero eso no impide que al verlo por la calle todos tuerzan la mirada y dejen al viejo descortés y desabrido que se ensimisme en sus hermosos arpegios y sencillos cantares que luego repetirán ellos cuando estén en las iglesias, las campas y las carballeiras.

Como la perfección extraña vez se logra, este sistema priva a Lugo de que Pardiñas deje discípulos, ya que no hay joven capaz de aguantar a un tipejo tan desagradable, al que además _ y esto es aportación propia _, seguramente no le interesa para nada ni crear escuela, ni transmitir sus conocimientos, ni tener que compartir algunas horas del día con estudiantes de música, torpes y zangolotinos.

Felipe muere en la miseria; loco, olvidado y bajo techo ajeno.

2 Comentarios a “El músico más popular es el más odiado”

  1. rois luaces

    Pero, estos tipos lucenses ¿tienen modelo real o son una realidad cunquéirica?

  2. Admin

    Tómelos como prefiera, pero vivir vivieron.

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