Dos hombres de Becerreá en defensa de Vigo

Casal y López Roca apoyan una historia de amor inventada por Cunqueiro

ERA UNA MADRUGADA del mayo primaveral de 1963, cuando cuesta menos trasnochar y las tertulias se prolongan. Ésta de Vigo la componen el conservero Ribas, que ejerce de anfitrión, el notario Alberto Casal (Becerreá, 1921) y Álvaro Cunqueiro, todavía redactor del Faro.

La conversación se centra en criticar que tanto la prensa como los ciudadanos vigueses están empeñados en llamar Avenida de la Circunvalación a la nueva y espléndida vía que se abre entre la plaza de la División Azul y la de América.

Los tres coinciden en que Circunvalación no es un nombre de recibo, porque por las mismas razones, todas las calles deberían llamarse Calle de Circulación. A Cunqueiro se le ocurre entonces que sería mucho más bonito ponerle Avenida de Beatriz. ¿Por qué? Porque es el nombre de una hija de Ribas en edad de enamorar. Sin más.

Propuesta aceptada. Casal _ a quien Cunqueiro le ha dedicado su Merlín e familia _, se pone en contacto con un paisano suyo de Becerreá, llamado Jesús López Roca, y acuerdan que tome uno de los bidones de pintura que Francisco Ribas Maristany, abuelo de la susodicha, tiene en su almacén de efectos navales, y provisto de brocha, plasme en varios puntos bien visibles de la travesía todavía en ciernes, letreros que digan “Avenida de Beatriz”.

El efecto es el esperado. Los vigueses se preguntan quién es la tal Beatriz y ellos mismos se dan la respuesta: “Su novio se la dedica en prueba de su amor”. Cunqueiro apoya la jugada desde las páginas del periódico y en poco tiempo, Beatriz sustituye a Circunvalación en el hablar ciudadano, aunque la avenida sigue sin nombre oficial y los más puristas se refieren a ella como Beatriz, “nombre heterodoxo”. ¡Caray!

Pasan tres años y la alcaldía quiere inauguraciones para la fiesta de la Reconquista de 1966. La prensa especula desde el primer momento sobre varias opciones. Unos apoyan que se llame “Alcalde Tomás Pérez Lorente”, que es quien la abre. Otros, más eclesiásticos, proponen “Juan XXIII”, por ser el creador de la diócesis Tui-Vigo y de la concatedral.

Segundo Mariño, a la sazón redactor de El Pueblo Gallego, se decanta por Beatriz sin saber su origen. Es una preciosa historia de amor, dice a sus lectores.

El 13 de septiembre de 1963, Mariño recibe una carta firmada por M.P.F. en la que le informa: “Beatriz murió hace algún tiempo, y su enamorado continuó paseando, ahora solitario y melancólico, por aquellos lugares. Fue entonces cuando sus amigos _ que no él, según tenemos entendido _, compadecidos de su dolor y en homenaje a la amada desaparecida, trazaron (como pudieron) sobre las piedras de la nueva Avenida, el nombre de Beatriz. Tampoco nosotros diremos que se pueda llamar a esto una gamberrada”.

¿Quién está detrás de la firma M.P.F.? Cunqueiro, Ribas, Casal y Roca son los únicos que podrían hablar con conocimiento de causa sobre Beatriz, pero ¿matarían a la muchacha sabiendo que es la hija de uno de ellos? No se les supone tan mal gusto, aunque sea una muerte en la ficción. Apostamos a que M.P.F. se lo inventa para defender a Beatriz frente a posibles circunvalaciones. No obstante el alcalde Fontán tiene otros planes, pues piensa sembrarla de árboles y bautizarla Avenida das Camelias, como así hace Portanet y así permanece hoy.

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