A Mariña da nombre a una ciudad filipina

Desde el 12 de mayo de 1864 Pérez Dasmariñas homenajea a dos hijos de Viveiro

DASMARIÑAS ES HOY la undécima ciudad de Filipinas, con una población que ronda el medio millón de habitantes. Está enclavada en la provincia de Cavite, dentro de la isla de Luzón. Este topónimo tan lucense está presente en la prensa finisecular del XIX día sí y día también porque allí y en su entorno se desarrollan sangrientos combates entre tagalos y españoles.

En una de las crónicas se habla de una ciudad desierta sembrada con miles de cadáveres. En ese momento su nombre oficial todavía es Pérez Dasmariñas, recibido en homenaje a los dos gobernadores del archipiélago así apellidados, padre e hijo, y convertida en ciudad el 12 de mayo de 1864, o sea, que están de cumpleaños.

Luis Pérez das Mariñas Mendoza y Sotomayor (Viveiro, 1567) es hijo del anterior, Gómez Pérez das Mariñas y Ribadeneira, muerto a manos de sus remeros chinos que lo traicionan cuando menos se lo espera.

Su madre es la segunda mujer de Gómez, Ana de Mendoza y Sotomayor, pues la primera había sido María Sarmiento, “la latina gallega”, no la que “se fue a cagar y se la llevó el viento” al decir de la fraseología clásica española. Muy al contrario, la ilustrada María Sarmiento de Ribadeneira funda el Colegio Insigne de Viveiro, o escuela seglar de gramática, y tiene hoy calle principal entre la Porta de Carlos V y la plaza.

Aún así caben sospechas de que esta María sea también la escatológica, porque antes de llegar a Filipinas como ayudante de su padre, Luis es paje de Felipe II y capitán en Flandes, época y ambiente en los que nace el chiste rimado.

Entre otros méritos, Luis pasa a la historia por ser el primer europeo en explorar la región de Zambales y el curso del Río Grande de Cagayán, que nada tiene que ver con la Sarmiento.

En ello anda cuando le comunican la muerte de su padre, al que sucede con ánimo de venganza, aunque sin mucho éxito, porque los chinos se habían dado el piro a la Cochinchina, sin que haya chiste en ello.

El joven se pone a las órdenes del nuevo gobernador del Archipiélago, Francisco Tello de Guzmán, aunque pronto afloran entre ellos graves diferencias a la hora de entender la gobernanza.

Tras una serie de luchas, naufragios y cautiverios que bien compiten con los de Lord Jim para ser base de una novela, es nombrado gobernador de los sangleyes cristianos y el 4 de octubre de 1603 se traslada a Binondo, donde viven detrás del Estero de la Reina, en Manila.

Quiere la historia que en ese momento se subleven los sangleyes contra España y Luis deba arremeter contra ellos. Dicen los cronistas que son 130 contra millones y aún así les hacen quinientas bajas.

Luego persigue a los alzados entre pantanos, pero sufren una emboscada y los machacan a palos. Al de Viveiro le quiebran las piernas y aún así continúa un buen rato su lucha de rodillas hasta sucumbir agotado, como el resto de oficiales y soldados.

A todos les cortan las cabezas para luego insertarlas en sus lanzas por las narices y presentárselas al jefe. Tan solo tiene 36 años. Nadie piensa entonces que el apellido del vencido quedará para siempre unido a una ciudad tan principal del archipiélago.

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