Abraído, cerca de la Scala de Milán

Los Días Europeos de la Ópera sirven para recordar al tenor ribadense que soñaba con sus escenarios

ESTE FIN DE semana se celebran los Días Europeos de la Ópera, dicho en plural porque son dos. La convocatoria nos permite recordar a uno de los cantantes lucenses que más próximo estuvo a Europa.

Valeriano González Abraído (Ribadeo, 1910), Tito González en familia, siente de niño la llamada musical y entra de lleno en el solfeo a través de las clases de violín que recibe desde los cinco años. Casi adolescente lo hacen director del coro ferrolano Ecos da Terra y es entonces cuando elige definitivamente el instrumento de su voz en detrimento del violín.

El muchacho tiene facultades, las suficientes para que Dionisio Gamallo Fierros, coetáneo suyo, se deje llevar por estros poéticos que nunca fueron su fuerte y le dedique algunas estrofas de dudosa calidad, como cuando le lisonjea: “Es su insólito canto tan grandioso, / que a los muertos de espíritu / saca de su reposo”.

Dicho en plata, que canta bien. Él le cuenta al periodista D. Fernández, que cuando va hacia Madrid dispuesto a comerse el mundo, recala en Lugo para comprar unos calcetines y en aquel comercio encuentra al mecenas que le cambiará la vida.

Ya no irá a Madrid, sino a Italia, pero antes de partir deleita a los lucenses en el Círculo y se los mete en el bolsillo al lado de las 22 ptas. que tiene. Como no le llegan ni para pipas, da algunos recitales en centros regionales de Zaragoza y Barcelona y con poco más embarca hacia Milán, donde muy pronto se le termina la guita.

Escribe a la Diputación de Lugo. ¿Sería su mecenas el presidente del organismo? Al cabo de varios meses recibe una carta en la que se le comunica que dispone de 2.500 pesetas de beca. ¡Una fortuna!

Consigue a los profesores Rafaele Grani, de impostación y arte escénica, y Alfredo Cecchi, ex tenor. Pero la miseria le hace recurrir de nuevo a la Cocina municipal para pobres. “En una ocasión _ relata el tenor _, voy a Como para dar un concierto. Fracaso y encontrándome sin dinero para regresar a Milán, quise pignorar el gabán, no pudiéndolo conseguir porque se creían que era un malhechor. Regreso a Milán después de haber dado un concierto en un café donde me socorren”.

Cuando regresa a España y vuelve a cantar en Lugo, el entretenimiento de los aficionados es averiguar en qué momentos, en qué agudos o graves se notan las enseñanzas italianas y dónde ha mejorado con mayor evidencia.

Este recital incluye Il fior che avevi a me tu dato, de la Carmen de Bizet, y el Adiós a la vida, de Tosca. Hay una opinión unánime, la impronta de la Scala se hace patente en la voz de Valeriano, aunque solo haya entrado en la Scala un día para escuchar a un tenor que le gusta. Es evidente que todo ayuda.

Sariñena, que lo acompaña al piano, se lleva también sinceros aplausos. Sin embargo la trayectoria posterior de Abraído bascula entre los pequeños éxitos y la impotencia de una Europa que si algún día se le presenta acogedora, va a cerrársele ante la inminencia de 1936.

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