Toda Europa para peregrinar

El 8 de mayo de 1752 un chantadino funda una nueva orden mendicante hoy desaparecida

A JUAN ALFONSO Varela Losada (San Salvador de Brigos (Chantada), 1723 / Ferrara, 1769) le cambia la vida cuando se cruza en su camino un tío despiadado. Esto es, un hermano de su padre, cura en Monforte, que lo acoge para que el chico haga estudios, pero al que le da tan mala vida que solo consigue hacer de él un pícaro aventurero que sale por piernas de la ciudad del Cabe para perderse en tabernas y lupanares.

Y en ese entrar y salir por las puertas de la ley va a consumir su juventud, siendo soldado y desertor varias veces, con destinos en Ceuta, Mallorca y las guerras de Italia, pues en ese momento toda la península es un rosario de batallas.

Una hernia lo jubila finalmente. Y de servir a las armas, el chantadino pasa al entorno de un familiar del infante Luis de Borbón y Farnesio, que sin dejar de serlo, también lo han nombrado cardenal de Toledo.

Algo sucede en ese nuevo destino que lo lleva a la admiración por san Ignacio de Loyola y por san Francisco. Oye voces que lo llaman a la penitencia y peregrina por Castilla como mendicante. Estando en Salamanca, una monja clarisa lo señala predestinado a fundar una nueva orden y lo echan de la ciudad, quizá porque barruntan competencia.

Tras meses de sacrificios, logra que se le unan otros discípulos, con lo cual parecen confirmarse las profecías. Así, el 8 de mayo de 1752, hace hoy 267 años, funda la orden.

Seguidamente, Juan Alfonso marcha a Roma para obtener la aprobación del Papa Benedicto XIV, pero todo se reduce a buenas palabras y poca chicha. Eso sí, los seguidores crecen y él recorre las calles romanas llevando a los hombros una gran cruz, a la espera de recibir limosnas espontáneas. Con todo ello comienza a hablarse del Sagrado Orden de la Penitencia y de la ojeriza que provoca entre los otros mendicantes ya establecidos. Vamos, lo propio en cualquier actividad humana.

Son años de perennes caminatas, de ir y venir sin tregua, de luchar por su proyecto, al que se le ha añadido… de Jesús Nazareno. Recorre toda Europa y hay constancia de su paso por Polonia y Hungría. Nada le detiene, menos la muerte, que le llega, agotado de tanta peregrinación, el 22 de marzo de 1769 en Ferrara (Italia). “No puedo más”, afirman que fueron sus últimas palabras, así, en castellano.

Solo después de muerto Juan Alfonso Varela, Pío VI aprueba su obra, primero como congregación y luego, en 1784, como orden.

Cuando se cumple el segundo centenario de su nacimiento se le rinde homenaje en Chantada, donde los padres Pedro y Orestes establecen la orden con casa-convento, donada por el vecino Cándido Fernández, aunque apenas permanece con actividad otra década. Jesús Guerra Mosquera lo cuenta en un librito pentabiográfico.

Desde ese año de 1923 existe una lápida en Brigos que recuerda a Varela Losada, y una calle en Chantada que muchos desconocerán a quién está dedicada.

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