El adulto se hace, no nace

El adulto está muy sobrevalorado, porque en el fondo es un adolescente crecido

Va camino de convertirse en el palabro de la campaña y en el descubrimiento del siglo XXI. Hablamos del adultocentrismo. Es el nuevo diagnóstico social de Irene Montero, que no para de afear a la humanidad lo mal que lo ha hecho desde sus albores hasta el advenimiento de los marqueses de Galapagar, que tratan de poner las cosas en su sitio, y a ellos en uno de los mejores.

Irene dijo a los chavales que esta sociedad era adultocéntrica y que eso no puede ser, porque si se trabaja desde los 16, también hay que votar desde los 16.

Cuando creíamos que iba a romper una lanza a favor de los adolescentes, garantizándoles más tiempo para recibir enseñanza, nos sale con que les falta el voto, un voto que se imagina en la cazuela de Unidas Podemos sí o sí, un partido donde la edad adulta no está bien vista y donde se fabrican ideas para que no le esté nunca.

Su programa electoral parece plagiado de los israelitas, pero no de los judíos actuales, que ésos curran desde que se levantan, sino de los que salieron de Egipto detrás de Moisés: caminar por el desierto y que nos caiga el maná tres veces al día, desayuno, almuerzo y cena.

¿Quién paga el maná? Hasta que no nos lo carguemos todo, siempre habrá infelices a los que aplicar unos impuestos de no te menees. Adultos que hacen trabajar a los adolescentes que votan a Unidas. La pescadilla perfecta. Y cuando se acabe el chollo dirán, ¿véis? Ya os lo decíamos nosotros. Esta sociedad era tan adultocéntrica que no podía sobrevivir.

Cuando Montero descubra que también somos movilcéntricos, tortilladepatatascéntricos y siestacéntricos no quiero pensar en las soluciones que se le ocurrirán. Prohibir los callos, o sabe dios. Menos mal que tanto ella como el padre de sus hijos, cumplen todos los días y se hacen más y más adultos. Bueno, al menos antes era así.

Un comentario a “El adulto se hace, no nace”

  1. Tolodapinza

    Esta señora está por la labor. Por la labor de que la eternicen en el cargo, se entiende, porque la paguita de diputado en el Parlamento Nacional es muy, pero que muy buena. Como para perderla así como así.

    Y si los que pueden garantizarle, a ella y al marqués, la perpetuación en el cargo son los jóvenes, pues ella aboga por extender la edad del voto a la pre-adolescencia si hace falta. Es fácil de entender. Un adulto maduro podrá ser imbécil (nadie estamos libres de ello) pero ya suele ser un toro bastante “toreado”.

    En cambio, un joven o una jóvena, aínda non viron o mundo por un burato, aunque ellos crean que ya lo saben todo. Recordemos aquel conocido aforismo que dice: Si de joven no eres de izquierdas, es que no tienes corazón; pero si de viejo no eres de derechas, es que no tienes cerebro.

    O sea que cuando eres tierno tienes mucho corazón pero escasa sensatez (o la justa para pasar el día), es por eso que ─muy atinadamente─ esta señora quiere bajar la edad de votar hasta los tiernos dieciséis años. ¡Qué digo tiernos, tiernísimos, y hasta los doce años la bajaría si le dejaran!

    Que el escaño está muy bien pagado, y para conservarlo hay que amasar votos favorables entre la franja de población juvenil, entusiasta y manipulable; que cualquiera vuelve a los trabajos de 40 horas por semana con un salario cinco veces menor, quita, quita…

Comenta