La evolución

Duque en el Discovery. Es el de la bandera.

A Pedro Duque todavía le duelen los oídos de las respuestas que obtiene cuando se le ocurre calificar de inaceptable el acoso sufrido por Cayetana Álvarez de Toledo en la Autónoma de Barcelona.

Lo hizo en una red social que empieza por T, acaba por R y tiene como icono un pajarito azul. Es un sitio muy molón donde solo te dejan escribir no sé cuántos caracteres, no vaya a ser que sufras una embolia cerebral al ver muchas letras juntas.

Y ahí radica la clave del problema. ¿Qué demonios hace el ministro de Universidades escribiendo frasecitas de condolencia en un canal seudoadolescente cuando tiene toda una estructura, un presupuesto, un nombramiento, un cargo y una responsabilidad directa sobre todo lo que ocurre en ese ámbito?

Solo faltaría que no lo condenara. “Este Ministerio y yo estamos muy de acuerdo en que se les zurre la badana a…”

Se nos está reblandeciendo el córtex. No hay otra. Estamos sufriendo una especie de involución hacia el huevo, hacia la mónada primigenia, que afecta en porcentaje considerablemente más numeroso así sea mayor la responsabilidad política, y es posible que dentro de unos años nazcan ancianos y se mueran siendo bebés.

Todos nos acordamos de Pedro Duque cuando era un hombre hecho y derecho. Un astronauta, le llamaban los periódicos. Estuvo en el Discovery y en la Soyuz arreglando artefactos muy complejos por el espacio adelante. Después pierde facultades y lo hacen ministro. A ver si el día de mañana aprueba el Ingreso en el Bachillerato.

Como también es ministro de Ciencia, su mandato va a salvarse de cara a la galería, pues durante el período en el que ocupa su cartera se descubrieron unas huellas de titanosaurus, el primer dinosaurio catalán lazus amarillensis. Y eso compensa todo.

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