El perdón ajeno

Los datos ya están recopilados

Una prueba de que el independentismo mantiene a Cataluña en un limbo informativo la dio esta semana un señor llamado Alfred Bosch a quien le adorna el título de consejero de Acción Exterior de la Generalidad y al que ustedes conocerán de otras intervenciones, siempre cargadas de menosprecio hacia el estado que le da de mamar.

Bosch, aprovechando el viento favorable de cola, se apresuró a pedir perdón a México, en nombre de Cataluña, por el genocidio español, cuando ya a esas alturas las exigencias de López Obrador habían recibido el varapalo general. E incluso más, cuando las lanzas se habían convertido en flores y España sacaba rédito de la polémica por las alabanzas que merecía su acción en América.

Pero ¿cómo iba a estar callado Bosch en ocasión tan propicia para agrandar la leyenda negra? De modo que allá dirige su lengua, más bífida que nunca, previa consulta, suponemos, con el señor Torra, que es su superior jerárquico, aunque de distinta militancia.

A Bosch, que también instó a los catalanes para que reconociesen “su implicación en la Conquista de América”, no se le ha escuchado todavía ni una palabra de perdón por las ocho mil y pico de víctimas causadas durante el gobierno de su correligionario Lluis Companys, especialmente entre religiosos, falangistas, carlistas y militantes de formaciones no nacionalistas o de derecha. Ocho mil catalanes que no pensaban como Companys y que son eliminados durante 1936 mediante asesinatos de los escamots, o sentencias de muerte instantáneas que él mismo firmó.

Cataluña vive en un limbo porque si no me fallan las cuentas, nadie le ha recordado al señor Bosch, que puestos a pedir perdón, bien podría empezar por su propia casa, que siempre es más conmovedor.

La memoria es floja y mucho más con tele pública.

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