El pequeño dictador

Los cursis lo llaman escrache. Los tontos, libertad. Los cínicos, universidad.

Jóvenes, niñatos, totalitarios, pijos, reaccionarios, subvencionados, consentidos… con esa ristra de epítetos más o menos redundantes contestó Cayetana Álvarez de Toledo a los escamots de pitiminí autorizados para hacerse los machotes ante ella, la dulce marquesa de Casa Fuerte. Y el feminismo, mudo, claro.

Es muy desazonador comprobar cómo son universitarios los que recurren a la violencia para expresar lo que sería una simple discrepancia política y cómo no han sido suficientes los ejemplos de la historia para comprender que esa reacción es el tren donde viajan los espermatozoides de los pequeños dictadores.

Jóvenes, les dice. Bueno, ése sería un pecado disculpable, porque la juventud no se elige. Simplemente, hay que pasarla.

Niñatos. Entendemos la diferencia. El joven puede y debe serlo. El niñato se ha saltado varios hervores por el camino.

Totalitarios. Está claro. Alguien les ha convencido de que el mejor enemigo es el enemigo muerto.

Pijos. A ver cómo lo explico. Si la marquesa de Casa Fuerte te llama pijo es señal de que navegas muy por debajo de la media en capacidad de comprensión y si estás matriculado es un desperdicio gastar dinero en ti.

Reaccionarios. O sea, cavernícolas. No se puede discutir que sea así.

Subvencionados. Aquí está el quid de la cuestión. Con dos o tres elementos subvencionados se pueden conseguir quince atolondrados. Y con dieciocho por la causa, a doscientos se llega volando. Consentidos. Otro gran pilar de los males actuales. Todo lo que ayude a la mala educación se consiente en aras de la libertad. Todo lo que favorezca a la buena, se combate para que no haya seres libres.

Ya sabíamos cómo se las gastan estos fachitas de facultad.

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