Preferir

Prefiero un puente, pero si no lo hay, cruzo igual

Ábalos prefiere un pacto con Cs, antes que con los independentistas; ergo, si con Cs no llega, o Rivera no quiere, y da la suma, habrá un nuevo tortazo a la Constitución, al sentido común y al Estado.

Quien dice Ábalos, Sánchez dice, y en ese verbo tan sutil y campechano como envenenado y peligroso que es preferir, se encierra toda una filosofía del pragmatismo que arrasa con los últimos resquicios de ideología que pudiesen haber subsistido al crepúsculo en el dobladillo de los pantalones, como el polvo, como el barro del camino en la toga de los jueces.

Eso es democracia, aseguran con todo el vozarrón que pueden, demostrando con ello su convencimiento de que no lo es. Nadie grita delante de Dumbo ¡Esto es un elefante!, porque a la vista está que lo es, aunque esté dibujado. Si alzas la voz para convencerte o convencernos será señal de que probablemente se trate de una jirafa.

Es legal, cierto; pero tiene poco de democrático compartir el poder con quienes mantienen sin rubor que su objetivo es subvertir el orden, arrancarte un trozo de territorio que legalmente es de todos, burlarse de las instituciones y de la justicia, injuriarlas afirmando que practican el racismo, acudir al Parlamento a dinamitarlo, alterar las reglas de convivencia, negar la validez de ciertas leyes, rechazar la presencia de un portaaviones en un puerto español y tantas otras cosas que se han repetido hasta la saciedad como indignas de quien se dice representante de los intereses comunes.

En este caso, el verbo preferir es tan indigno como lo que se simboliza con el lazo amarillo, o sea, un insulto a lo conseguido durante la transición, cuando la cesión de las partes dio paso a un espacio común sin vencedores ni vencidos.

Preferir es escupir sobre ella y retornar a oscuros espacios donde todo se puede esconder, porque ninguna luz los alumbra.

2 Comentarios a “Preferir”

  1. Tolodapinza

    Puestos a decirlo todo, de aquellos polvos vinieron estos lodos; o sea que las quejas, al maestro armero.

    Tenemos una ley electoral que es una m***** pinchada en un palo y a ese convencimiento deberían haber llegado hace años todos los españoles medianamente instruidos. Esa ley permite que ciertos partidos pequeños y revoltosos, votados en pocas circunscripciones, obtengan proporcionalmente muchos más escaños que otros partidos de mayor implantación. ¿Es eso justo? Pudo ser quizás necesario y conveniente en los albores de la transición, cuando se necesitaba consolidar la balbuciente democracia. ¿Pero hoy en día, y una vez vistas y sufridas las tropelías que gracias a esa ley se cometen en los enjuagues post-electorales?

    A ningún partido de los que han gobernado España (¡incluso con mayorías absolutas!) le vino bien cambiar esa ley. Porque perpetúa la mamandurria y la camelancia.

    Lo dicho: esto es lo que nos dimos y las quejas al maestro armero.

  2. Ramón

    Todas estas declaraciones, nos demuestran la cortedad mental de estos individuos que nos gobiernan, cada vez se parece más a las elucubraciones de los hermanos Marx, la diferencia está, que ellos lo que hacían era humor inteligente y estos, desaprensivos, dicen que están gobernando España, cuando en realidad lo que hacen es destruirla.
    Y pensar que las encuestas, les dan como posible partido gobernante tras las elecciones, Dios nos coja confesados, porque 9 meses, pasan pronto, pero, cuatro años, dan para mucho destruir.

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