El misterio Aréjula (II)

Aréjula, citado en el proceso contra Badía

Francisco Aréjula, nacido en Viveiro, se hace policía autonómico de la Cataluña republicana y desde esa posición privilegiada vive todos los acontecimientos del Estat Catalá, del anarquismo y de aquella convulsa ciudad que desemboca en el cataclismo de la guerra.

Antes, en agosto de 1930, tiene que volver a Tetuán porque Bibiano, su padre, ha caído gravemente enfermo. Como no recupera, la familia abandona África para venir a la península y morir en ella. Como policía, Francisco se ve obligado a declarar en el caso de los famosos hermanos Badía, tan queridos hoy por el presidente Torra, pero su paso por el cuerpo va a ser recordado por otra singularidad, ya que al de Lugo le gusta conferenciar y lo hace repetidas veces.

Sin ser exhaustivos en el seguimiento de la huella dejada por Aréjula, podemos citar los siguientes títulos de otras tantas charlas dictadas por él durante los años treinta en Barcelona e incluso durante la guerra: “Introducción a la ciencia policíaca”, “Exposición lógica de los grandes policías modernos”, en el Paláu de la Música y “El detectivismo, ciencia exacta”, el 3 de febrero de 1937, también en el mismo escenario.

Aréjula, agente del Cuerpo de Investigación y Vigilancia de la Generalidad de Cataluña, se acerca al principio de la navaja de Ockham cuando dice en esta intervención:

“En toda investigación es necesario llegar a la raíz lógica del asunto, teniendo en cuenta que el sentido estadístico puede ser lógico o ilógico, según tenga tendencia a ir dentro de la regla normal, o a la excepción. La acción siempre es imprevista y sorprendente. La decisión exige siempre una reflexión a priori. Refiriéndose a sus actuaciones, Napoléon dijo: “No es ningún genio quien me revela o me dicta lo que tengo que hacer; es la reflexión y la meditación detenida que me lo han dictado todo”.

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