El primer ilustre

Cabeza de Tarraco. ¿La de Frontón?

Retomamos la serie de Lucenses singulares con el primero de ellos, Caio Virio Frontón.

Amor Meilán lo considera el primer lucense ilustre porque en su momento es el primero que se identifica y del que se tiene constancia de su dignidad como flamen de Lucus Augusti.

Todo se debe a Publio Elio Adriano, el emperador que visita Tarraco el año 123 dC, y ordena celebrar allí una reunión de los concilios provinciales, un acto inusual, pero que el Divus Hadrianus consideró útil para su gobernación.

A punto estuvo de salirle cara su visita, puesto que allí es objeto de un atentado, aunque Adriano le quita importancia diciendo que el hombre estaba totalmente loco, lo cual pudo ser cierto, pero no por ello dejar de ser mortal.

Lucus envía a Frontón como representante y allí se le erige una estatua de la que solo se conserva su inscripción: C. Virio Frontoni Flam. P. H. C.Ex. S. LVCENS

EX-DECRETO CONCILII P. H. C (4255 del Corpus Inscript; latín, de Hübner), lo cual no es moco de pavo, porque nos lo presenta con pelos y señales. Nombre, gens lucense y dignidad, además de certificar su presencia en Tarraco.

Podría existir incluso la imagen de su rostro y las formas de su cuerpo entre los cientos de restos arqueológicos recogidos en el Museo Nacional de Tarragona, pero naturalmente nadie tiene pruebas suficientes para acertar en la colocación de los restos encima de la inscripción correcta, aunque sí se sabe con certeza donde fue encontrada.

El flamen lucense es hoy uno de los personajes elegidos en Xinzo de Limia para representar la Festa do Esquecemento y también sirve de seudónimo a un historiador de Montefurado, aunque a nadie le acaería mejor la identidad de Caio Virio Frontón que a un personaje del Arde Lucus, si es que no lo ha adoptado alguien en convocatorias precedentes.

Un comentario a “El primer ilustre”

  1. rois luaces

    Interesante, pero C. (grafía tradicional correspondiente a una gamma griega adaptada) se lee Gayo (Gaio), como se ve bien clarito, por ejemplo, aquí, en el ardiente Lugo, en el dedicante del ara de Mitra que lo escribe con la grafía modernizada G.

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