La treceava porción

Siempre hay quien gana. Éste elevó el treceava hasta el título

Tenemos un presidente del Gobierno que no sabe quién es y una vicepresidenta que no sabe dónde estamos.

Cuando Sánchez habla de los que participaron en la manifestación de ayer los señala en términos despectivos y partidistas, como si no gobernase para ellos.

No es la primera vez que se le nota, desde luego, e incluso diríamos más. Desde su llegada a la Moncloa, reserva un especial cuidado para referirse a los golpistas, mientras dedica un torpe desaliño a los constitucionalistas.

Todo lo mide en función de lo que le sirvan para el mantenimiento de su cargo, y claro, sabe que depende de los más traidores, porque al último que votarían los otros sería a él.

El lenguaje no es el fuerte de este gobierno, porque dejando al margen las reformas que pretenden en la construcción de los géneros, se ve que tampoco se revuelven bien con el tema de los números, como lo demostró ayer sábado la vicepresidenta.

Calvo dijo en Mallorca que “España es la treceava potencia mundial” y se quedó tan ancha, entre otras razones porque nadie se echó las manos a la cabeza, ni le aclaró que quizá, lo que ella quería decir era “décimo tercera”. Ya nos gustaría dividir la potencia mundial en trece partes y disponer nosotros de un trozo.

Comprendemos que son cuestiones de una gran altura matemática y que estos días, con la manifestación en la calle y con los presupuestos en el Congreso, no está el horno para hablar con propiedad y las lenguas se traban a la mínima. Va a dar la impresión de que andamos por ahí, detrás de los próceres, para pillarlos en renuncios lingüísticos y no es eso.

Lo que pasa es que cuando oímos a Maduro decir que no dudó “ni un milímetro de segundo”, nos da mucha vergüenza que los nuestros puedan meter también la pata, aunque sea una treceava parte menos grave, y se lo avisamos.

Un comentario a “La treceava porción”

  1. Caplan

    Por eso y mas cosas es un presidente impresentable e irresponsable , al menos para una gran parte de los habitantes “terraqueos” del minifundismo Iberíco, rara avis a sufrir y quizás a emascular casi todos.

    Porque es un rey desnudo, con ínfulas dignas del diván del sicoanalista y porque nos lleva a perdición es por lo que ; si me engañas una vez es tu culpa, si me engañas dos veces la culpa es mía, pues bien, este tío engaña por sistema cada vez que habla o dice que escribe y hace que una frase tan excelente se disuelva como azucarillo en ciénaga sin tener consistencia ni moraleja.

    Y por supuesto no diré aquello que dijo el innombrable : Si la guerra esta perdida, no me importa que mi pueblo sufra, no derramare una sola lagrima por el, ¡no se merece nada mejor!.

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