La esencia de la descortesía

La revista

Journal of Pragmatics es una revista de Lingüística fundada en 1977 y leída por catedráticos, profesores y amantes en general de la citada disciplina. Queremos

decir que en absoluto es una publicación preocupada por las ventas, sino por el interés de sus contenidos.

Uno de sus últimos trabajos les ha servido para declarar a Gabriel Rufián como el político más maleducado de Europa, ya que sus discursos destilan la quintaesencia de la descortesía.

Esto ha sentado muy mal al rufianismo ilustrado, o sea, a todos los que consideran un gran valor político la canalla de don Gabriel, su bronca y el cruce de navajas al más puro estilo muelles de Marsella.

La verdad es que no necesitábamos la certificación de Journal of Pragmatics para saber que a ese chico lo han soltado para ladrar, y que si otros hay que tampoco lo desmerecen en el uso de salivazos, lo suyo está muy por encima, pues encumbra el impolitismo a categoría vergonzante, porque si los representantes de una democracia se pierden el respeto, ¿qué esperan encontrar a la salida de la Carrera de San Jerónimo? ¿Una pocilga?

Journal of Pragmatics debería mantener su vista puesta en España, pues aquí también descubrirá al poeta más cruel y despiadado, no de Europa, sino del mundo, a pesar de lucir el ilustre apellido De Ory, como dos de sus antepasados que se hicieron fuertes en literatura.

El actual creador de la familia se ha permitido airear varios chistes _ por no llamarles regüeldos _, sobre el sufrimiento del niño Julen y el de sus familiares, repletos de una crueldad como jamás habíamos escuchado en casos semejantes.

Poeta, se dice la bestia. Por diputado se tiene el otro. Si éstos son los espejos en los que mirarse, más valdría darse una vuelta por el lumpen de cada ciudad, pues allí encontraremos modelos mucho más valiosos.

Un comentario a “La esencia de la descortesía”

  1. Tolodapinza

    Bueno, hombre, tampoco hay que encampanarse.

    Los Rufianes, los Orys, los Toledos y demás ralea son como hallar en mitad de la acera una mierda de perro cuyo dueño no se ha dignado recoger.

    ¿La pisamos adrede? ¡Noooo! La evitamos.

    No hay que ensañarse con la poquedad de esos pobres tarados. No hay que pisarlos. Lo que se debe hacer es evitarlos. Ignorarlos.

    Cada vez que en un telediario el locutor anuncia con cierto disimulado regocijo que «ahora veremos la discusión subida de tono entre Rufián y … (aquí vale cualquier nombre) en la sesión de hoy en el Congreso», me apresuro a cambiar de canal. ¿Para qué voy a asistir y darle audiencia al enésimo mamoneo de ese cerebro menguado?

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