El olor de la mirada

Una sonrisa te desarma

Si no fuese por Elsa Artadi, que le pone cara humana y gestos tan amables como los de las recepcionistas de las fábricas de champú, diríase que en el independentismo han confluido los catalanes más feos, iracundos y contumaces que se encontraban en las cuatro provincias.

Posiblemente sea una apreciación políticamente incorrecta y alguien dirá, mira tú en lo que se fija éste, que si son feos o guapos.

Estoy de acuerdo. Me fijo en lo mismo que quien dijo que la cara era el espejo del alma, que nadie sabe quién fue, pero que se cita mucho.

En realidad no es la fealdad lo que destaca, pues en ese sentido todos lo somos, menos Charlize Theron, que se pasa de guapa y deberían prohibirla en evitación de afrentas. Es un rictus de asco que se les pone, y que si ustedes se paran a observar un segundo a los que no lo son, comprueban que no lo tienen.

A Torra, por ejemplo, se le levanta el labio, a Rufián se le encienden los ojos y Rahola da miedo, directamente. Eso con Arrimadas no pasa.

Como decían que iban de pacíficos, la verdad es que callábamos, pensando que era todo una confusión de los sentidos a través del rechazo ideológico con resultado incierto de rechazo estético; pero como últimamente se están destapando más violentos de lo que dicen, han perdido belleza y lo hacemos notar.

Al concejal de Cs que le han partido la cara, a Albiol, insultado en compañía de su hija de 11 años hasta hacerla llorar, y a tantos otros que pisan la calle con precaución por no cruzarse con algún exaltado _ una inmensa minoría, todo hay que decirlo _, quisiera decirles hoy que hagan un esfuerzo para que no se les crispe la cara, pues nada hay tan saludable y desconcertante como una buena sonrisa en presencia del energúmeno. Y además, a quienes les huele la mirada les suele doler el estómago.

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