La culpa compartida

La calle es mía, y de verdad

Miles de conductores que esta mañana se han visto atrapados en una ratonera, con perdida de trabajos, servicios y reuniones, se habrán preguntado qué culpa tienen ellos del conflicto que afecta al sector del taxi.

Es la misma pregunta que se hacen otros muchos afectados por protestas que se diseñan para perjudicar directamente al público, e indirectamente, según los casos, a la administración, a empresas o a nadie más.

Hoy se han dejado de celebrar reuniones preparadas minuciosamente desde hace semanas, se han producido viajes estériles desde cien mil puntos con pérdidas y retrasos incalculables, como ocurre siempre que el sector en conflicto decide considerar su causa por encima de todas las causas de los demás, llámese independencia del Cataluña, o regulación inmediata del sector VTC.

Es muy infrecuente que en cualquier tipo de conflicto, como en los divorcios, la razón esté capitalizada por una de las dos partes, mientras la otra carece por completo de ella. No decimos imposible, pero cerca le anda. Sin embargo, es seguro que en todos los casos, los conflictos así planteados los van a pagar, o a sufrir, terceras personas que en principio, ni están ni con unos, ni con otros, y que con toda certeza no son responsables de lo que ocurre.

Pero ese pequeño matiz no importa en absoluto, porque en los tiempos modernos se ha machacado una y otra vez en la idea de la culpa compartida y hay gente que acaba creyéndosela.

La culpa compartida consiste en hacerle a usted responsable de que los océanos estén enmierdados de plásticos, de la pobreza mundial y de la batalla de Otumba, si es de ascendencia española.

Gracias a ese prodigioso principio inculpatorio, usted también es responsable del conflicto de los taxis y debe pagar su cuota correspondiente, atrapado en un atasco interminable.

3 Comentarios a “La culpa compartida”

  1. Tolodapinza

    Lo que es vergonzoso es que los sucesivos Gobiernos que hemos tenido (¡todos!) permitan que un colectivo laboral secuestre mediante bloqueo a toda la población ajena a los intereses de dicho colectivo.

    Todos estos colectivos, muchos de ellos subvencionados por el Estado a causa de su acreditada falta de rentabilidad, han roto escaparates, han inutilizado mobiliario urbano, han quemado contenedores y/o vehículos, han pinchado ruedas, han paralizado las carreteras o los centros de las ciudades, han inmovilizado a millones de viajeros en días críticos y premeditados, han agredido a sus contrarios… Los de la siderurgia en su día, los mineros, los maquinistas de trenes, los controladores aéreos, los estibadores, los pilotos y por último ─y por ahora─ los taxistas.

    Estos colectivos les pegan patadas al Gobierno pero en nuestro culo. No es justo ni nos lo merecemos. Estaría bien dialogar pero, a poder ser, tras una buena ensalada de bofetadas a mano abierta a estos colectivos arrogantes, endiosados y brutalmente desleales con la gente del común. Entonces, una vez restablecida la normalidad para el ciudadano normal, siéntese en buena hora las partes y dialoguen, dialoguen, tomen acuerdos. Pero a la menor amenaza del colectivo reclamante de cortar por bemoles el flujo normal de la vida de los ciudadanos inocentes, más ración de ensalada, por favor.

    Gobernantes, dejad de ser consentidores de los abusos de unos privilegiados.

  2. Caplan

    Todo conduce al respeto sin respeto no hay coexistencia, hay guerras , hay daños, es muy peligrosa la existencia y la vida insoportable.

    Esto es viejo, tocan las campanas y tocan por ti, por mi, por todos, tocan a miseria, tocan a maldad, tocan a mi importa un bledo lo tuyo, tocan a ignorancia de lo que es o debe ser una sociedad y los comportamientos del derecho. Derechos que todos nos hemos otorgado, derechos que tumbamos cuando nos place.

    Los daños que causan estos exaltados, cazadores patrimonialistas de monopolio, de la mandanga, del abuso. Estos que se creen los amos del asfalto y de la libertad de otras personas, estos exagerados del derecho porque les sale de los bemoles y porque pueden, hacen de este país un país menor, mas flaco, mas estéril.

    Los daño económicos son inmensos, los daños de convivencia extremos, los daños a su credibilidad y prestigio inconmensurables, todo exageradamente exagerado, nada se sostiene con cordura.

    La culpa, esa culpa catolicista, esa culpa que te meten hasta en el alma quienes son los aprovechados del sistema, el que sea, a mi no me la echen que yo solo soy víctima por vivir en este país y en estos tiempos y si, quizás culpable de habérmelo creído casi todo, ya no.

  3. rois luaces

    “Todos son iguales” la frase más injusta y desmoralizadora que se puede decir de política y políticos. No es verdad: falta espíritu crítico en la prensa, en las campañas electorales, en tvmatew, y se le concede a los prepotentes un plus de olvido y perdón: si zapatero amplió las licencias de los rivales del taxi, y rajoy, con lentitud las fue cortando, y el de ahora se llama andana: no son iguales.

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