La nomenklatura cambiante

El edificio de la Junta en Málaga, fotografiado de noche en plena efervescencia laboral. El autor de la foto, un vecino acostumbrado a verlo apagado, se pregunta: ¿Qué estarán haciendo? Crucigramas no, seguro.

Resulta de todo punto injustificado que el relevo político en Andalucía afecte a 660 cargos de confianza. Es un tropel de gente que por su propio número dice a gritos que su principal mérito para ocupar muchos de esos altos o medios cargos es su militancia en el partido que abandona la administración, como se demuestra cada vez que ocurre este fenómeno.

Porque, eso sí. Nos lo dicen y nos llevamos las manos a la cabeza, sobre todo, los que más contentos están de que se produzca el relevo. Sin embargo no hay manera de que en el próximo la cifra disminuya, porque la rueda funciona bajo el principio kantiano, lo que hiciste, te haré.

En el pasado revolcón Rajoy/Sánchez se calcula que los afectados fueron cuatro mil, que siendo una barbaridad, no deja de señalar un desfase monumental entre autonomías y gobierno español. El caso andaluz, ya sabemos, es un dramático mal ejemplo de enchufismo y simonías.

Lo escribimos entonces, y lo repetimos ahora. España está a la cola ¡mundial! en número de cargos afectados en cada relevo, lo que demuestra un arraigado tercermundismo estructural y un sintomático pensamiento de asimilar cada vuelta de tortilla, con pintanza, prebenda y ahora me toca a mí.

Mientras Holanda, Canadá, Japón y Noruega abanderan los países más comedidos (del 0 al 5 por ciento de cambios), aquí en Turquía y en Chile, defenestramos entre el 95 y el 100% de los altos y medios cargos, lo cual es la prueba del nueve que demuestra, no solo el egoísmo de los partidos, sino la imposibilidad de establecer políticas más ambiciosas que el mero trámite burocrático.

Se parece a la reforma de la Constitución. Todos hablan de ella, pero nadie, cuando ocupa el poder y está en condiciones de llevarla a cabo, da el paso adelante y renuncia a sus privilegios para emprenderla. De modo que habrá para largo.

Un comentario a “La nomenklatura cambiante”

  1. Tolodapinza

    Todos los partidos, qué le vamos a hacer, “premian” a sus fieles con un carguito en cuanto llegan al poder. En unos casos sea posiblemente para pagar favores y en otros para allanar futuros caminos, que nunca se sabe. Ha hecho mucha fortuna en estos días un dicho que corre por las redes, en el que se afirma que la canción que se ha cantado masivamente en Andalucía entre la semana pasada y esta se titula “¿Dónde estará mi cargo?” También hay otro según el cual la venta de trituradoras de papel con destino a entidades públicas en Andalucía ha crecido de manera asombrosa.

    ¿Será por cargos, Dios mío? Una autonomía ─y probablemente más de una─ tiene incluso el cargo de “Asesor del ex-presidente”. ¿Sobre qué se le asesora? ¿Sobre el paso de las nubes? ¿Sobre la mejor fila a elegir en el cine? ¿Sobre cómo evitar las cagadas de palomas en la vía pública? ¿Sobre cómo llenar las horas en su despacho con secretaria?

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