Mentir con disimulo

Piedra contra pixeles

Si Risto Mejide hubiese parido un programa mínimamente serio _ todo lo serio que se puede concebir en la sobremesa de Cuatro _, cabría esperar grandes cosas de un título como el de Todo es mentira; pero en su estreno ya quedó demostrado que no van por ahí los tiros, sino en colaborar eficazmente para mantener el embrutecimiento general.

El título no es malo, aunque en ese planteamiento tanto vale la verdad como la mentira. Por ejemplo, el presentador ni se llama Risto, ni se apellida Mejide, sino Ricardo Meixide, pero ¿quién se la juega a asegurar que la verdad histórica es más valiosa que la mentira mediática?

Nadie. De hecho, si a alguien se le ocurre preguntar en la emisora por Ricardo Meixide, le dirán que allí no trabaja. O sea, que es mentira.

Vox exige que se expulse a 52.000 ilegales. ¿Es verdad o mentira? ¿Puede la Junta de Andalucia expulsar tan siquiera a uno? ¿Por qué hay 52.000 ilegales? ¿Por qué hay uno solo?

La cifra, la petición, la exigencia, ocupa hoy más centímetros cuadrados de papel y más pixeles digitales que cualquier otro acontecimiento y todos estaríamos encantados de que Meixide dedicase el programa a escudriñar por qué.

Pero no lo hace. No se refiere a esas mentiras, sino a las que sirven para seguir fabricando más y más basura mediática.

Decimos muy pomposos que nunca el hombre estuvo mejor informado que ahora. ¿Seguro? Es cierto que nunca hubo mayores posibilidades de acceder a contenidos, pero también que nunca hubo tanta facilidad para el engaño y la confusión.

Cuando sacan micrófonos a la calle se comprueba que la gente no tiene pajolera idea de temas que vayan más allá de los que trata Meixide. Ni pajolera. Y encima sueltan la primera burrada que se les ocurre. ¿Verdad o mentira? ¡Anda y que le den morcilla!

2 Comentarios a “Mentir con disimulo”

  1. Caplan

    Hombre, hoy se habla , incluso en las entrevista, dando opiniones , para ganar “likes” , lo cierto es que hay tener muy bien puestos los cabales y ser muy valiente para decir cosas obvias, razonadas o lógicas, las dices y es que te cuelgan.

    Estoy leyendo un libro de retórica y diversas utilizaciones , un best seller, estoy seriamente preocupado por lo que leo, sobre todo cuando la retórica se utiliza para la aceptación de productos, ideas en masa y sobretodo y sobremanera de forma fraudulenta por los políticos, esto ya se convierte en temible.

    Mentimos varias veces al día, al año podríamos sumar camiones de mentiras , unas de verdad y otras de ” mentira ” osea piadosas , todas ya se confunden y funden con los deseos, con vidas ajenas, con equívocos, con ideas injertadas por los eficaces medios técnicos de comunicación, lavado y confusión de mentes, ya no sabemos ni lo que queremos ni lo que somos, ni nada de nada, todo es confuso , banal y etéreo , estamos tan confundidos y cobardes que decimos lo que esperan que digamos para ser aprobados y eso es detestable pero mas seguro para viajar por el dia a dia.

  2. Bolita

    Thomas Jefferson tercer Presidente de los EEUU, escribió hace más de dos siglos una carta en contestación a un ciudadano que le pedía consejo como llevar un periódico que pensaba editar, ((John Norwell, se llamaba), pese a que ahora que está la radio, la televisión, y de un tiempo a esta parte, Internet y las redes sociales y por tanto, recibimos más información en un dia que entonces puede que en un año, sin embargo, creo que tiene tiene plena vigencia la carta de marras, pese a que como digo, la prensa ya no es el único medio de comunicación de masas como entonces.
    Y muchos opinan que a mayor volumen de información, mayor desinformación.
    Vayamos a la parte de la carta rescatada extraída de press-pubs.uchicago.edu/founders/documents/amen dl_speechs29.html

    “A vuestra solicitud de mi opinión sobre la forma en que debe llevarse un periódico para que sea más útil, respondería que “restringiéndolo a los verdaderos hechos y a los sanos principios”. Pero me temo que un periódico así tendría pocos suscriptores. La triste verdad es que la supresión de la prensa no podría privar a la nación de sus beneficios más de lo que ya la priva su sumisión prostituida a la falsedad.

    Hoy en día no puede creerse nada de lo que publican los periódicos. La verdad misma se hace sospechosa cuando aparece en ese vehículo contaminado. Sólo quienes están en situación de confrontar los hechos que conocen con las mentiras del día pueden saber hasta dónde llega ese estado de desinformación.

    En verdad compadezco a la gran mayoría de mis conciudadanos, lectores de periódicos que viven y morirán creyendo que han sabido algo de lo que ha acontecido en el mundo contemporáneo, cuando las relaciones que han leído en los periódicos lo mismo podrían referirse a otros períodos de la historia mundial que al presente, con la salvedad de que las fábulas se introducen los nombres reales de hoy.

    De esas fábulas pueden, desde luego, colegirse algunos hechos de carácter general, como que Europa está actualmente en guerra, que Bonaparte ha tenido éxito como guerrero, que ha sometido a su voluntad a gran parte de Europa, etc., etc.; pero uno no puede fiarse de los detalles.

    Añadiré que un hombre que jamás mire un periódico estará mejor informado que quienes los leen, por lo mismo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que quien tiene la mente repleta de falsedades y errores. Quien no lea nada se enterará de todos modos de los hechos generales, y los detalles son todos falsos.

    Si su director quisiera hacer una reforma quizá podría empezar así. Divídase el periódico en cuatro capítulos, titulados: 1º Verdades. 2º Probabilidades. 3º Posibilidades. 4º Mentiras. El primer capítulo sería muy corto, porque contendría poco más que documentos auténticos, e información procedente de fuentes de cuya certeza el director esté dispuesto a responder poniendo en juego su reputación. El segundo contendría aquello que éste, tras madura consideración de todas las circunstancias, juzgue como probablemente cierto. De todas formas, convendría que contuviera más bien demasiado poco que mucho. El tercero y el cuarto serían expresamente para los lectores que prefieren gastarse el dinero en mentiras en vez de en el papel en blanco que de otra forma ocuparían.

    Un director así tendría que guardarse de la práctica desmoralizadora de alimentar habitualmente a la mente pública con calumnias, y de la depravación del gusto que este alimento nauseabundo induce. La difamación se está convirtiendo en algo necesario para la vida, hasta el punto de que no puede digerirse una taza de té por la mañana o por la noche sin este estimulante.

    Hasta aquellos que no creen esas abominaciones las leen complacidos a sus oyentes, mostrando, en lugar del horror y la indignación que deberían abrumar a una mente virtuosa, un placer secreto por la posibilidad de que alguien llegara a creerlas, aunque ellos no las crean. Parece que no se percatan de que el verdadero autor no es el que imprime, sino el que paga”. […]

    Solo me resta desearle un buen año 2019, Sr. Cora.

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