Voxtrynge

Verstrynge, en una de sus fotos más delfinescas

Ha tenido que ser Verstrynge, el hombre de las mil chaquetas, quien le ponga el taxón a Vox y lo defina científicamente con la cabeza. No con el corazón, ni con el estómago.

En realidad es la consecuencia lógica de una vida de flor en flor, dedicada a recorrer el arco parlamentario, e incluso el extraparlamentario, con suficientes estudios de Políticas y con suficiente patrimonio como para declararse nacionalcomunista sin que nadie le diga ni mu, porque en realidad, si le preguntan a la peña quién es Verstrynge, muchos saldrían por peteneras diciendo que es el inventor de la fregona.

Pero no. Verstrynge es un señor que estudia la política, que la enseña, que reúne experiencias del ramo y que colecciona carnés de partidos. Por lo tanto es un hombre capacitado para entrar en la disección de Vox.

Para empezar, dice lo que no es. No es fascista por una razón empírica. “Vox no es fascista, ya quisieran. Yo he sido fascista y por eso lo sé”.

Ahí se ha cargado todas esas tonterías de quienes dicen padecer sarpullidos por estar a su lado, o de los que apelan a establecer cordones sanitarios contra ellos, aunque solo sea para decir de tapadillo que ellos sí están libres de infecciones.

Un paso más. Niega que se puedan calificar de extrema derecha, entre otras razones, porque en esa manera de entender la política, no se admite la existencia de otros partidos.

Nos vamos acercando al diagnóstico final del exdelfín de Fraga. ¿Qué es Vox? ¿Y tú me lo preguntas? Vox es un populismo de derechas a la española, católico y monárquico. ¡Uf! Creí que no lo iba a decir nunca.

Lo que son las cosas. Después de tantos tumbos hemos de reconocer que Verstrynge no ha perdido el tiempo.

¿Votaría usted a Vox? “No puedo, porque yo soy laico y republicano”.

4 Comentarios a “Voxtrynge”

  1. Ignacio Pardo

    El viaje inverso lo hizo Fernando Sánchez Dragó. ¿ Regreso al futuro?

  2. Caplan

    En un guiso hay varios ingredientes, solos a veces no gustarían , en compañía puede hacer delicioso el guiso, en una sociedad lo mismo y en general estamos hechos de polvo de estrellas y eso tiene muchaaa sustancia diferente.

    No se trata de que los que votaremos a VOX seamos del todo puros y sustancialmente extremos ni fascios ni la madre del cordero, votaré a VOX asumiendo que no todas sus proclamas me gusten, tampoco me gustaban todas las de otros partidos que voté y lo hice, ademas lo hago también por j.oder la marrana a toda esa basura que ha aparecido y que les llamo basura porque me lo han llamado a mi y a muchos españoles, me defiendo con igual respuesta.

    Conozco a gente de derecha, derecha y no tienen cuernos, son felices, tiene hijos, buenos matrimonios y no acatan todo lo que se supone acata una derechas muy ” derecho ” y les va de rosas. He hecho mil diabluras para no decir ” extrema, radical, ultra derecha etc.

    Por cierto , mil veces antes VOX que Podemos y demás raleas.

    Feliz Año

  3. Ramón

    Lo tenemos claro, el multichaquetas, sigue siendo igual de corto que cuando estaba en AP, su paso hacia la izquierda más radical, no le abrió las entendederas, luego se puede considerar que fue un viaje inútil.

  4. Tolodapinza

    ¿Es criticable el comportamiento veleta y chaquetero de Verstrynge? Pues seguramente sí. Pero también es legítimo buscarse las habichuelas, por todo el morro, donde uno cree que puede hallarlas. Poca memoria tendríamos si no nos acordásemos (también) de otros ilustres chaqueteros: López-Garrido, Gutiérrez, Curiel, Sartorius…

    Todos ellos dejaron la anticuada ortodoxia del PCE para apuntarse a la modernidad progre del PSOE. ¿Vieron la luz? ¡Qué va, hombre! Lo que vieron es que en aquellos años el PSOE gobernaba, y gobernaba mucho. Dicho en otras palabras: era el partido que podía “repartir” cargos y prebendas. O sea, posibilidades de medrar y pillar una buena nómina. En el PCE sólo se repartía doctrina y ayuno.

    Desengáñense: en política, quitando a los líderes indiscutibles de los partidos y a sus fieles más cercanos, que tienen el escaño asegurado, la “clase de tropa” se busca la vida como puede y a veces sin el menor decoro. Los culos siempre terminan por buscar (y encontrar) los sillones de asiento más mullido.

    De toda la vida.

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