Maragall frente al muro

Sackur, cuando la noticia es el periodista

La entrevista que Stephen J. Sackur realiza en el programa HARDtalk de la BBC a Ernesto Maragall debería ser de obligada proyección, no digo ya en Cataluña como un ejercicio del derecho a la información, sino en la Facultad de Ciencias de la Información, como un ejercicio práctico de cómo se hace una entrevista a un mentiroso.

Los políticos golpistas catalanes están acostumbrados a que dentro y fuera de su curruncho, los periodistas se dirijan a ellos como si fuesen una opción más de las que se disputan el voto de los ciudadanos, y no lo son.

Son unos delincuentes que tratan de apoderarse de un territorio que no les pertenece mediante un sistema viciado de falacias, mentiras, adoctrinamientos, fraudes de ley y delitos lisos y llanos, que se derrumba con facilidad en una simple entrevista de televisión a poco que el periodista actúe con profesionalidad frente al falsario de turno, Maragall en este caso.

Claro que aquí llamamos periodista a cualquier cosa con patas que obedezca los dictámenes de esos mismos políticos dentro de Cataluña, o de Roures, o de quienes ahora están asociados a ellos, y su cabeza pensante depende de lo que a ellos se les antoje, léase Évole, Griso y otros de la cuerda.

Stephen Sackur los deja a todos planchados con una entrevista tan sencilla como modélica, en la que logra poner delante del muro de la realidad a un atolondrado Maragall, que no sabe por dónde salir, no solo porque su inglés es deficiente, sino porque flojea en el argumento, cuando las preguntas proceden de un profesional bien informado y libre de ataduras políticas, un ejemplar que no existe en Cataluña y que empieza a escasear en España entera.

Un profesor de Ciencias de la Información podría pasarse un curso entero destripando la entrevista de Sackur y sería provechoso.

Un comentario a “Maragall frente al muro”

  1. Tolodapinza

    He visto esa entrevista en internet y cualquier torero ─en el supuesto que él fuera el periodista─ incluso se negaría a torear a ese manso y pediría su devolución a los toriles. ¡Madre Santísima el Maragall este, qué torpeza, qué balbuceos! Casi que la imagen retórica que he propuesto cuadraría mejor siendo al revés, el periodista era el toro bravo bravísimo y Maragall el acoquinado diestro (más bien “el siniestro”). ¡Qué cornadas se llevó!

    Bueno pues este Maragall, por hacer estas cretinadas en el extranjero representando no se sabe muy bien qué, cobra una morterada al año que quita el sentido. Del erario público, claro está.

    Y pensar que hay tantos perros que pasan hambre…

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