Una tarde en el Congreso

La derecha de la extrema derecha de la extrema extrema derecha

Si ustedes han tenido la humorada de seguir la comparecencia de la ministra Delgado, no les descubro nada al decirles que aquello se pareció a cualquier cosa menos a una investigación sobre sus encuentros con Villarejo.

Quien no supiese de qué iba, podría pensar, por ejemplo, que se está juzgando al Estado por torturas, o que no acabó la moción de censura contra Rajoy.

Los socios del Gobierno, claro, tiran cada uno por su lado, o por ninguno, no vayan a errar el disparo y herir a la ministra. Unos, se decantan por las torturas, otros, por el proceso catalán. El del PSOE ya no digamos. Un poco más y la felicita por llamar a Marlaska lo que le llamó. Pero ¿y del “éxito asegurado” con las pilinguis? Pocas noticias.

Los únicos que se centran un poco en la materia son Prendes (C,s), y Moro (PP), aunque tampoco mucho, porque eso de discernir si hubo o no chantaje es un asunto más jurídico que político, aunque todo sume.

A medida que la tarde avanza, la ministra se siente más fuerte, feliz y satisfecha. Tanto es así que al no verse atacada, ataca ella. Y entonces coge carrerilla con un mantra que ya no abandonará hasta el final: La culpa la tiene la derecha de la extrema derecha de la extrema extrema derecha. Un descubrimiento que le parece de un ingenio bárbaro, quizá porque sus lecturas nunca le han llevado a establecer frases más complejas.

Delgado ha descubierto a su enemigo, o sea, ha descubierto a la mitad de los españoles. Pero les perdona la vida, olvidándose de que la izquierda de la extrema izquierda de la extrema extrema izquierda se ha cargado a millones de personas, tal como la historia nos muestra y nos enseña.

En resumen, una lamentable pérdida de tiempo y un motivo para pensar si los grupos parlamentarios no deberían quedarse en casa, según qué días.

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