No fue surrealista

Bretón menospreciado

La suma de Torra, Sánchez y Colau da como resultado la tormenta perfecta. Hay que llevar la mirada muy atrás para encontrar un avispero político de tal calibre y unas picaduras tan visibles sobre la piel de Barcelona.

La única esperanza es que la ciudad, por grande, resista bien todo lo que estos genios hacen por ella. Podríamos hablar de Cataluña entera, pero no es comparable con lo que sufre la capital.

Ayer ha sido 1-O, ya saben, una nueva efemérides en la ristra de derrotas que allí se festejan. El día que perdimos esto, el día que perdimos lo otro… Es raro que todavía no hayan incorporado el 27-O, que es la fecha en la que perdieron la autonomía por vía del 155. Quizás esté asimilada a la de ayer y vaya todo en el paquete.

Entre tanto, el golpismo hace de las suyas gracias a los ánimos que recibe del uno, a la inanición del otro y a la sonrisa siempre sospechosa de la tercera.

Menos mal que desde el exterior llegan bocanadas de esperanza. Puigdemont ha dicho que en la UE nadie apoya la independencia, como era sabido desde el principio. Mucho antes del 1-O del año pasado, cuando se vivieron esas escenas esperpénticas ya ancladas en la historia que ayer nos pusieron las teles.

Con los ojos entreabiertos para difuminar la imagen podía verse algo parecido a un programa de Gaby, Fofó y Miliki. Si los Aragón se proponen hacer una parodia de un referéndum chapucero les habría salido eso. Gente durmiendo en los colegios, uno que entra a toda prisa con las papeletas en una bolsa, otro que lleva una urna llena de votos y se le cae, Puigdemont a la carrera para votar, la policía de Charlot con las porras en alto, los mossos, de miranda, y una señora que llora emocionada. Los periodistas extranjeros dijeron que había sido surrealista. No, André Breton era una persona seria y aquello fue una tarde con los Payasos de la tele.

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