Vida sana

_ Para empezar, ¿quién es usted?
_ Yo soy el presidente del Gobierno.
_ ¿Edad?
_ Yo soy el presidente del Gobierno.

Se cuentan hasta siete las veces en las que Pedro Sánchez declara en la entrevista con Ana Pastor que “yo soy el presidente del Gobierno”, lo cual sugiere algún déficit proteico.

Voy a dejarles bien claro quién tiene la sartén por el mango, se dijo.

Y lo hizo. Incluso por encima de los límites que le marca la ley en cuanto a someterse al Parlamento, por aquello de no ser confundidos con una de esas dictaduras tan denostadas cuando no se está en el poder, pero tan añoradas cuando se alcanza.

Lo yo que daría por unas cámaras amaestradas, se le entendía entre líneas.

El error de la insistencia es tan pueril que ha dejado a la ciudadanía con uno o dos palmos de narices, anonadada ante las expresiones de este imitador de Luis XIV que a punto está de decir como él, que l´Etat c´est moi, pero que se queda a las puertas.

Unido este comportamiento a otros tics anteriores han llevado a que se plantee una interesante cuestión. ¿Es tan fulminante el llamado síndrome de la Moncloa que al nuevo presidente le basta dormir allí una noche para que se alteren todos sus parámetros de conducta?

Y la respuesta es que en el caso de Sánchez, sí. Le ha dado una especie de tontería juvenil, agravada seguramente por el shock denominado “na miña vida a vin tan gorda”, que si entra en contacto con un ambiente bajo en tesis doctorales, desencadena el mencionado síndrome que en otras personas tarda años en manifestarse.

Es evidente que la mejor terapia para cuadros tan agudos como el presente es alejar al sujeto de los focos de infección _ el propio palacio _, así como elevar sus porcentajes de tesis en sangre y llevar vida sana, bien sea contando nubes, o con cualquier otra actividad al aire libre.

Si se trata bien, no deja secuelas.

3 Comentarios a “Vida sana”

  1. Ramón

    Los españoles, no acabamos de creernos que este hombre, sea el presidente del gobierno, pues nadie recuerda, que se haya presentado a las elecciones y las haya ganado, lo mismo que le pasa a el, que no acaba de creérselo y hace bien porque cualquier día de estos, lo dejan caer del guindo y a ver quien lo apaña, porque puede acabar hecho trizas, dependiendo de la altura de la que caiga, puesto que si lo dejan una temporadita, viendo con las ganas que escala el árbol, puede darse una torta considerable.

  2. Caplan

    Confieso que mi educación me preñó de respetos y valores que no tengo ni idea hasta que punto son útiles y lo peor es que transferí parte de estas ” cosas ” a mis hijos, me siento culpable en parte del daño que he podido causarles.

    Yo y mis hijos somos víctimas de nuestras limitaciones autoimpuestas , mucho mas que las impuestas, somos gente que ataca después de ser atacados no una sino mas veces, respetuosos con lo ajeno y con los ajenos y todos, empáticos, mas o menos bien pensados y en definitiva, presas relativamente fáciles de los mal educados y políticos al uso.

    Tengo en mis cercanos dos ejemplos unidos y a la vez muy diferentes por educación recibida, una excesivamente educad que le limita muchas oportunidades y en el otro un sin demasiados frenos educativos de colegio de pago, una y otra se complementan afortunadamente pero casi siempre pierde la una, la de educación de pago en colegio buenista de pago un dineral.

    Osea que , parece que tener conciencia, educación de respeto y entrega a los demás no es lo mas conveniente para medrar en este país, a la vista está que no.

  3. Tolodapinza

    Hombre, según yo lo veo, este sujeto ya daba muestras evidentes de su enfermedad mucho antes de haber llegado a la Presidencia del Gobierno, con que ya ni para qué hablar de la gravedad extrema de dicha enfermedad ahora que por fin ha llegado.

    ¿Qué enfermedad?

    La de estar locamente enamorado de sí mismo.

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