11 de XI

Que la muerte de Arafat se haya producido precisamente el 11 del XI va a servir para alimentar la maldición de ese número en asuntos relacionados con la actividad terrorista del entorno islámico.

De Arafat se repiten y repetirán dos biografías diametralmente opuestas y aparentemente incompatibles, aunque su verdadera trayectoria sea la suma de ambas.

El Arafat terrorista no impide el Arafat padre de la patria palestina; de la misma forma que sus corruptelas no evitan que sea un líder llorado.

Los dos Arafat han coexistido en vida del rais sin mezclarse ni anularse. TvE acaba de demostrarlo con un profundo análisis del recién fallecido en el que no figura ninguno de los episodios tenebrosos de su paso por el mundo. No es un fenómeno novedoso ni mucho menos, Franco, Stalin, Mao, Hitler y buena parte de quienes alcanzan ciertas dosis de poder son susceptibles de ser biografiados bien con un sesgo de admiración, bien con la pluma cargada en el tintero de sus maldades.

Quizás porque predomina la visión del pueblo palestino como víctima de Israel y de los restantes países árabes, Arafat tuvo en vida más semblanzas positivas que negativas, y sólo cuando su desaparición comienza a ser anunciada aparece el otro Arafat que llevaba dentro. ¿De cuántas muertes fue directo responsable? ¿Cuántos millones ha distraido a su pueblo? ¿Cuántas traiciones le sirvieron para apuntalar su indiscutible califato? y ¿qué mal le ha llevado a la tumba? son algunas de las preguntas que ahora corresponde contestar al juicio de la historia. En cualquier caso su liderazgo, a la vista de la evolución del conflicto, no parece acudir a dicho juicio con excesivas posibilidades de salir airoso, porque el hecho de haberlo mantenido durante toda su vida no es garantía de nada. El pueblo palestino tiene tan poco, que su líder fue un consentido.

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