La hora

Mirarse la hora

De repente, todas las ventajas de tener dos horarios han desaparecido como por ensalmo. Ahora solo existen inconvenientes y lo que nos conviene es no cambiarlo. Pues será así.

Yo me creo todo lo que me dicen porque no es cuestión de examinar el impacto en las distintas actividades, en el ahorro energético o en la salud, porque no tienes medios, y entonces, o te fías o desconfías. Al mismo tiempo comienzas a sospechar que quienes deciden estas cosas, tampoco lo estudian tanto, sino que se mueven por otras motivaciones, a saber cuáles, porque cada vez les da por algo distinto.

Ahora que se habla mucho de esto, tropiezo con un dato insólito. Dice que tener una hora más de luz al día reduce un 2 por ciento los casos de miopía. La precisión es inquietante. Un dos por ciento. Ni un uno, ni un tres.

¿Y los casos de presbicia? ¿Aumentan o disminuyen? Es indudable que si se quiere llegar a una conclusión, se informará de aquello que más la favorezca, y eso debió pasar cuando comenzamos a tener el de verano y el de invierno.

En aquel momento, ustedes se acordarán, todas eran ventajas. Se ahorraba un montón de energía, salías más contento a la calle, tu salud mejoraba y los trinos de los pájaros sonaban más entusiásticos.

Ya no hay nada de eso, por lo que se aconseja volver al horario único, o algo así, porque tampoco es que le haya prestado mucha atención. Total, me lo van a cambiar.

En 1916, sabios de los principales países europeos _físicos y matemáticos principalmente _, llegan a la conclusión de que adelantar los relojes una hora en septiembre, proporcionaba múltiples beneficios. Y en plena guerra, el propio Negrín firmó un decreto por el que se adelantaba el horario en abril de 1938, no una hora, sino dos. El cambio horario cambia mucho.

Un comentario a “La hora”

  1. Ramón

    Está claro que nos manejan como quiere, si cuando no nos preocupaba la energía, se ahorraba un montón, ahora en la época de los ecologistas, no interesa ahorrar energía, lo que entra en danza es la salud visual de los habitantes de Europa, gracias mil, por ser tan preocupados por todos nosotros

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