Los transparentes

Vidriera

La política española vive trufada de escándalos, escandalitos y escandaleras. No se puede dar un paso sin que en medio del filete no salte embutido el máster de Casado, o en su defecto, el enchufe de la mujer de Sánchez, que una vez unidos al chalet de Iglesias componen un sainete molón y retrachero.

No vive don Carlos Arniches para plasmar estos casos en uno de los suyos, como en el que escribe en Lugo, creo que con Joaquín Abati; pero de hacerlo vería que hoy la realidad le hace seria competencia a su fértil imaginación.

Son los nuevos licenciados Vidriera, gentes hábiles para el engaño y la suplantación, tanto o más para ocultar sus embustes y acusar de lo mismo a sus contrarios, pero transparentes como Vidriera. Se les ve a la leguas. Al señorito Sánchez se le busca un máster igualito o muy parecido al que con tanto encono echan en falta en el señorito Casado. Ximo Puig se hace periodista por arte de birlibirloque y Errejón, otro mago del escapismo, hace un presencial estando ausente.

Todos conocemos casos cercanos de universitarios que engañan a sus padres sobre el avance de sus estudios. Un coetáneo de aulas y paisano de origen es tan perfeccionista en sus mentiras que no solo se inventa los aprobados de las asignaturas a las que jamás se presenta, sino también los suspensos, “porque si digo que apruebo todo, no me lo creen”.

El hombre va dejando colgadas varias asignaturas de segundo, de tercero… “porque así me dura más el momio”. Muy profesional.

A Patxi López le sacan el título de ingeniero del que presumía descubriéndole que no había pasado de primero, y creo recordar que el propio Sánchez está mezclado en esa revelación. El licenciado Vidriera se creía de cristal, que siempre es locura simpática; pero los modernos Vidriera solo se creen licenciados y son transparentes.

3 Comentarios a “Los transparentes”

  1. Tolodapinza

    En el mundo empresarial hubo un tiempo en que los departamentos de recursos humanos recibían un gran número de solicitudes para un puesto, acompañadas del pertinente currículo, en el cual, muy cucamente se decía que el postulante (o la postulanta, no me fueran a denunciar las feminazis) «tenía estudios de Ingeniería». O de Peritaje Mercantil, o de Derecho, o de Filologías Románicas.

    Para ese ardid, el responsable de la selección de candidatos tenía la frase mágica: «Traiga usted el título original que acredita la finalización con éxito de “esos estudios” o, en su lugar, una fotocopia de dicho título autentificada por la Universidad o Escuela Superior en donde los cursó». Mano de santo, los espabilados ya no volvían a aparecer.

    Pero claro, estamos hablando de una época en la que, al parecer, la emisión de titulaciones académicas gozaba de seriedad y, por ende, de credibilidad. A la vista estamos teniendo que Universidades de mucho nombre y rebombo parecen dar titulaciones sin que luego aparezcan los resultados de trabajos, exámenes y pruebas de aptitud, no sólo a insignes prebostes de nuestra vida política sino también (por lo que se va sabiendo) a alumnos normales y corrientes, a gentes del común sin brillo mediático.

    Dejando por ahora a los personajes concretos aparte, un corolario más que evidente para los empresarios podría ser:

    “No contratar a nadie que venga avalado por un título expedido por la Universidad Rey Juan Carlos. Dan los títulos al primero que pasa como el que reparte las cartas de la brisca”.

  2. Ramón

    Hasta hace unos años, desde, mas o menos, Bolonia, los masteres que se hacían en la universidad, a nivel laboral, las empresas ni les daban valor, solo les interesaban los que se cursaban con centros de formación privados, esto lo se por experiencia familiar, puesto que anteriormente ni existían.

  3. Caplan

    Hay lugares en donde son mal vistos o no tenidos en cuenta los adornos que son para despistar las malas hechuras personales , los perfumes para tapar los malos olores, las palabras rebuscadas para nunca decir la verdad u ocultar su ignorancia, la excesiva rectitud para desviar la atención sobre sus flaquezas, la falsa sonrisa para embaucar, las lisonjas para manipular, los alardes de fantasias para elaborar un personaje fallido y darle un ser real y LOS MASTERcitos, LOS TITULitos, LOS DOCTORcitos que esos si en España , embobada España son imprescindibles, tanto que si o si hay que tenerlos e incluso llegar a falsearlos o robarlos.

    España y yo somos así, señora.

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