Aferrados a la mentira

A cuatro días del inicio de la campaña en el País Vasco, el Aberri Eguna ha vuelto a demostrar la facilidad con la que Ibarretxe y sus socios tergiversan datos y aderezan las opiniones a su gusto. Puede pensarse que en ese oficio están implicados todos los que se dedican a la política y es cierto que cada cual procura que su sardina esté lo más cerca posible del ascua. Aun así, cuando la manipulación es constante y repetida machaconamente, sus autores acaban por delatarse como pésimos políticos, incapaces de engarzar un discurso coherente sin caer en la mentira.
Los oradores nacionalistas del domingo han vuelto a establecer con mayor o menor insistencia varias falacias en las que asientan su doctrina. La primera es que el País Vasco no aprobó la Constitución, lo cual es sencillamente falso. La aprobó con tres votos afirmativos por cada uno negativo, y aunque la abstención fue abundante, no existe ley política que permita sumarla a una de las dos columnas, pues no se trata ni de un Sí, ni de un No.
Lo mismo cabe decir de la aprobación del estatuto, donde los votos favorables ganaron con una relación de 20 a uno.
Otra idea, dice el PNV que sin las listas blancas de AG no hay democracia, mientras el resto de los partidos opina que por primera vez, sin Batasuna sentada en los escaños, podrá hablarse de auténtico parlamentarismo democrático. Juzguen ustedes si las bombas otorgan o no certificados de democracia.
Finalmente, el PNV ampara el convencimiento de que ahora van a poder decidir de verdad, dando a entender que el Plan Ibarretxe es la culminación del proceso autonómico, o sugiriendo que lo vivido hasta ahora fue una mera travesía del desierto para llegar a la tierra prometida del visionario Arana.
En ningún caso se atisban deseos de entender al País Vasco en toda la extensión del topónimo.

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