Otra vez el concepto

Pablo Simón e Inés Barrio, profesionales de bioética, acordaron escribir un libro para que el personal llame a las cosas por su nombre y de ese modo podamos entendernos en asuntos tan peliagudos como es el de la eutanasia.
¿Quién decidirá por mí? es el inquietante título de su trabajo, y de no saber que fue publicado el pasado año, se diría que la pregunta está inspirada por Terri Schiavo, la mujer sobre cuya pervivencia todo el mundo opina, menos ella.
La coincidencia de su caso con los de Ramón Sampedro / Mar adentro, el que plantea Eastwood en Million dollar baby, y la polémica sobre sedación paliativa aplicada por los médicos de Leganés, les ha llevado a refrescar algunos conceptos de suma utilidad.
Dicen los autores que en el caso de Million… cabe hablar de “homicidio compasivo”, pero nunca de eutanasia, pues carece de requisitos imprescindibles.
En el de Sampedro afirman sin vacilar que presenta las formas de un “suicidio médicamente asistido”, pero como no intervino ningún profesional médico, el episodio ha de conformarse con un título menor; esto es, un “suicidio” o una “ayuda al suicidio”.
Lo de la Schiavo tampoco es una eutanasia, sino una “limitación del esfuerzo terapéutico”, aunque lo que se ha impuesto finalmente tenga más apariencia de “suspensión”.
Finalmente, Simón y Barrio tampoco ven eutanasia en la sedación paliativa de Leganés, por la sencilla razón de que su finalidad no es procurar la muerte, sino suprimir los dolores hasta que ésta llegue.
En consecuencia, si se establece un debate sobre legalización de la eutanasia, sepamos cuanto antes de qué estamos hablando y que nadie intente colar de matute lo que fueron, son y serán suicidios y homicidios piadosos o auxiliados, pero nunca aplicación de la eutanasia.

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