Masa, volumen por densidad

Lo que me estoy perdiendo

Siempre me han intrigado las oscuras razones por las cuales el hombre tiende a considerar que las grandes fiestas solo pueden producirse en grandes aglomeraciones. Se entiende que desde un punto de vista comercial, e incluso político, las fiestas mayores de cualquier villa, de Pamplona a Estepona, brillen más si no se puede dar un paso ni por sus parajes solitarios. ¿Pero por qué también desde un punto de vista personal?

Durante los años de la berrea se entiende que se busque el tropel porque vives en búsqueda de expectativas y si te vas al Gobi es probable que no te comas un colín, pero superado ese breve espacio temporal, ¿cómo es posible que viviendo en Madrid te ilusione ir a Benidorm, donde la concentración de humanos por metro cuadrado es todavía mayor?

Sé que en días como los presentes, decir que los sanfermines son un coñazo de altura te puede costar la etiqueta de hereje, pero aún con ese riesgo, lo mantenemos.

¡Pero si le gustaban hasta a Hemingway!, oigo a mis espaldas. ¡Hombre! Estoy seguro que vivir los sanfermines como Hemingway lo hacía le puede gustar hasta a un eremita profesional, pero su ejemplo solo es válido para un porcentaje minúsculo de los que allí acuden.

En Sevilla te puedes ver rodeado de muchachas con vestidos de faralaes, en Buñol te pondrán perdido de tomate y en San Fins do Castro te teñirán de vino peleón, pero es que en Pamplona te echan los toros a la calle, que es como ir pidiendo vendas y cabestrillos.

Habría que estudiar más en profundidad el origen del gusto por las aglomeraciones. Para mí que todo se debe a una morriña vacacional de las horas punta del metro. La gente echa en falta ese apretujón diario de las tres de la tarde y busca un sustitutivo.

O también puede ser que viva en un páramo y quiera saber qué se siente siendo masa. No sé, hay que indagar.

Un comentario a “Masa, volumen por densidad”

  1. Tolodapinza

    Los sanfermines, vaya montonera de gente apretujada y sudorienta… ni en mis sueños más alucinados me imagino estar ahí. ¿Que habrá a quién le guste? No seré yo quien lo prohiba, ni se me ocurriría. Pero lo que es este menda ni siquiera se ha planteado nunca estar ahí, ni en los tiempos (menos masificados) de Hemingway.

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