Contra el desencanto

En ese encanto comienza el desencanto

Es muy habitual encontrarte con gente que se declara desencantada de la política. Tanto en el ámbito cercano, como en los medios. Se lo acabo de oír a Michelle Calvó, que es una actriz canaria. En concreto dice estar muy desencantada, “como la gran mayoría de la población mundial”. Carajo, lo que esta chica sabe no está en los escritos. La cantidad a la que Michelle se refiere son unos tres mil quinientos millones de personas, lo cual es mucho conocer de Dios.

Desde luego, a mí que me vaya borrando de su lista, porque ni estuve encantado _ condición sine qua non _, ni mucho menos sufro el desencanto de los Panero. Lo primero porque me parece estúpido; lo segundo, porque es pretencioso.

Eso sí, la expresión queda de lo más repollo, sobre todo si le sabemos dar ese acento displicente entre gauche divine y mayo del 68: Ay, chico, yo con los políticos estoy muy desencantado.

Si se oye algo así hay que imaginarse al mismo personaje diciendo lo contrario hace unos cuantos años: Yo con los políticos es que estoy encantado.

En ese momento habría que haberle prevenido contra los excesos de cariño y quizás así habríamos podido evitar crisis indeseables, pero suele ocurrir que nos dejamos llevar por sus propios discursos y confiamos todo a sus palabras, que son al mismo tiempo falsas y poco convenientes.

Cuando anuncian que lo van a hacer todo, que su gestión será muy distinta de la actual, que con ellos se atarán los perros con longanizas, hay gente que se lo cree, y claro, después viene la desilusión.

Churchill prometió sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, y lo cumplió. Cierto que estaba ante una batalla, pero da lo mismo. Los responsables de que las cosas vayan mejor o peor somos todos, no el encanto que produzca un mitinero. Bueno, eso creo.

Un comentario a “Contra el desencanto”

  1. MIRANDA

    Los políticos dicen al ciudadano lo que este quiere oir, lo que querría cambiar, pero nada de cuanto ofrecen tiene correlato presupuestario. Ni hay un notario que les exija cumplir sus milongas. Abusan de la credulidad y el exceso de confianza del pueblo.
    A este país le costó décadas conseguir el acceso a las urnas. Soñaba con una democracia seria y ha devenido patio de monipodio

    Hablamos de gente -políticos, sindicalistas- que viven de nuestro dinero, de los impuestos y gravámenes que soportamos. Gente que en muchos casos ha hecho una carrera profesional de su militancia porque no tiene otra. Y maneja el dinero público con la impudicia del que no tiene que sudarlo

    Mientras las familias españolas hacen malabares con sus parados, estos mediocres incompetentes se nutren de ese desmesurado entramado de cargos con asesores, coches y vuelos vip, aunque sean incapaces de resolver nuestros problemas y traten de complicarnos la vida para hacernos creer que los necesitamos

    Así reabren viejos debates, crispan a la sociedad, colocan a los amigos, hacen negocios, manejan la “cultura” y los medios, incumplen compromisos , paZtan con el diablo y básicamente viven de nosotros

    Cierto, el cuerno de la abundancia que ofrecen es un fake.

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