De la cueva a la covacha

Cueva con hoguera central y aire acondicionado al que haga

uperado el susto a base de chistes, escuchada Irene lo mal que se excusa, satisfechas todas las venganzas que Iglesias levanta, hora es de decir que la vida es así, que lo natural en una pareja que ha decidido vivir en amor y compañía, criar hijos y salir cada vez menos por la noche, es tener un hogar tan confortable y mono como se lo permitan sus ingresos, y si éstos son honradamente elevados, ponerle también un felpudo delante de la puerta para limpiarte el polvo del camino antes de entrar.

El discurso de Kichi, el alcalde de Cádiz que está levantando la voz dentro de la formación y que va a traer graves problemas a la pareja, será todo lo coherente que ustedes quieran con el espíritu de Podemos, pero es absurdo, pues condena de raíz cualquier intento de mejora en las condiciones de vida de sus seguidores, cualquier afán de superación laboral, económica e incluso cultural. ¿Quién pone el listón de lo suntuoso? Un coche utilitario se admite, pero uno de gran cilindrada es anatema. Un coche de prestaciones normales está dentro de lo correcto, pero uno con seguridad reforzada, no. Que se mueran los feos.

Kichi garantiza la permanencia en lo chungo económico a quien le abrace, porque una cosa es pasarse en opulencia y gastos suntuarios, y otra aspirar a nada. Kichi garantiza que ni tú ni tu país vais a salir de la mediocridad, y aunque vivir en la modestia es muy digno, cosa distinta es vivir condenado a ella y zaherirte si un día pasas de sardina a merluza.

¿Qué son entonces los convenios colectivos? ¿No se convocan las huelgas para mejorar?

La compra de Galapagar está muy lejos de todo eso, pero responde a un impulso inherente al humano, que no al simio. El que le hizo salir de las cavernas en busca de otro refugio con calefacción central y agua de tubería. Si por Kichi fuese, seguíamos en Altamira.

Un comentario a “De la cueva a la covacha”

  1. Tolodapinza

    Lo que dice el señor De Cora entra dentro de lo razonable, pero las pullas innumerables que se han lanzado estos días contra los “Ceaucescu de Galapagar” vienen a cuento de restregarles por el hocico las muchas y muy agresivas lecciones de ética que nos han estado impartiendo anteriormente sobre los signos externos de riqueza (o de apariencia de riqueza).

    La hemeroteca acostumbra a ser implacable.

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