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Montero.- Y todo alicatado hasta el techo.
Iglesias.- ¡Lo que tú digas!
Garzón.- ¡Son cuatro cuartos de baño!
Errejón.- ¡Villa Meona Dos!
Mayoral.- Cuatro por dos, ocho y una que me llevo…¡Podemos pagarlo!

El papel todo lo aguanta, pero como hoy en día son tan importantes las comparecencias delante de las cámaras como los comunicados, el político chungo se ve en la obligación de mejorar otra técnica en paralelo, cual es la cara dura todo lo aguanta.

Ésta es más complicada, porque la sangre que se altera con las vergüenzas sube al rosto y lo tizna con un palio sonrosado de luz crepuscular.

Y es entonces, al decir que el chalet te lo compraste para demostrar que la economía debe estar en manos de la gente y no en manos de los mayordomos de los poderosos, cuando las mejillas se deberían poner como narices de payaso, porque en ese momento, querida, tú eres el poderoso y tus mayordomos son tus votantes, pues mientras no se demuestre lo contrario, lo único que has producido a España desde tu nacimiento son gastos.

Para alimentarte, para educarte, para vestirte y para sentarte en un escaño del que te marchas cuando te sale del mesenterio. Gastos que los impositores asumimos con resignación, a la espera de que algún día fructifiquen en algo útil, pero que a lo mejor tus votantes no ven con tanta conformidad, si los consideran incoherentes, suntuarios o disolventes.

Para evitar que se te note necesitas, o bien una mano de titanlux esmalte paredes, o bien un concienzudo entrenamiento a base de mentirte un poquito más todos los días. “Le he dicho un millón de veces que yo no me repito”.

Solo así, con el esfuerzo de mentiras continuadas sobre las más diversas materias, puedes enfrentarte un día en sede parlamentaria a preguntas sobre tu chalecito y contestar con desvergüenza feldespática que se trata de estrategia revolucionaria para demostrar que el dinero no está en manos de los mayordomos de los poderosos, sino en las tuyas. Ole tus epiplones.

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