Cobreros y Aranguren

Panorama desde mi celda: Orozco, en cogote; Silva y Cobreros

O Vello Cárcere se está revelando como un magnífico espacio para actos culturales o lúdicos-sociales. Ha sido un acierto su recuperación y se le auguran tardes-noches de gloria. Lo digo, no porque vaya a estar allí dentro de poco acompañado de una autoridad literaria como es Ángel Basanta, que también, sino porque realmente el panóptico central de la cárcel da un escenario imponente. Y el resto de estancias, un servicio de gran utilidad, como de hecho ya lo ha sido en este año.

Ayer se llena para escuchar de labios de Lara Méndez, Carmen Basadre, Pepe Cobreros y Lorenzo Silva la historia del general Aranguren, abuelo del penúltimo, que hizo de sus obligaciones una norma de honor hasta la muerte. Igualito que otros que se tienen, o tenemos, por hombres de bien, como recalca Silva.

Tan lleno estaba el ciclo, que los escuché desde dentro de una celda, lo cual fue una ayuda para alcanzar la percepción de la tragedia. Cobreros aporta al acto curiosas circunstancias que a Silva le cuesta reconocer como esotéricas sin que haya ninguna dificultad en ello, pues son o dejan de serlo así sean consideradas o no.

El caso es que se habló del abuelo materno de Pepe en un edificio, la cárcel, que construye su abuelo paterno 140 años antes. No será esotérico, pero anda cerca. El doble nieto estaba encantado de los homenajes que sus ancestros recibían. Uno material, el de Nemesio Cobreros, que veía cómo su diseño pervive por encima de las funciones para las que es creado. El otro espiritual, el de José Aranguren, que ya dispone de un arma poderosa para ser conocido, el libro de Silva.

En el acto estaba también un hombre que conoce por unas horas la dureza de las celdas. Fue una anécdota, pero quizás era la guinda que le faltó a Silva para admitir que todo es esotérico. Basta querer mirarlo.

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