Cincuenta años y dos meses

Después de tanto tiempo

Los periodistas solemos preguntan a los escritores, a los músicos, o a los pintores, cuánto tiempo consumen en la realización de cada obra nueva, quizá como una especie de fiscalización pública sobre el tiempo invertido, y nos asombra de igual manera tanto si la respuesta abarca muchos años, como pocos meses.

Si es mucho tiempo, nos parece que el hombre ha trabajado una enormidad, y si es poco, que lo ha hecho muy deprisa. La media estándar se pone a ojo de buen cubero. “Al peso, esta novela tuvo que llevarle… unos cuatro años”.

En realidad no hay nada de eso. Cada libro necesita un tiempo indeterminado que nada tiene que ver con la cantidad de páginas, sino con otros factores de muy diversa índole.

Si les cuento esto es porque me lo han preguntado respecto a la novela presentada ayer, y me he dado cuenta de que “Te llamaré Muerto” comparte los dos extremos temporales, porque llevo con ella en la cabeza más de cincuenta años y porque la he despachado en dos meses (julio/agosto 2017).

En casa de mis padres existía un ejemplar del libro de Prudencio Landín Tobío, “De mi viejo carnet”. Supongo que entró mediada la década de los cincuenta. Recuerdo haber leído a salto de mata alguna de sus páginas mientras merendaba. Siempre quise saber de qué iban los libros de casa. Leerlos por entero era otro trabajo mucho menos frecuente.

En las memorias de Landín estaba la Casa do Demo de Anllóns _ llamado allí Allones _, y aquellos fenómenos se grabaron en mi memoria infantil como marcas indelebles durante medio siglo.

Se nota que en ella crecen de tal manera que el año pasado, en el breve tramo de un verano gallego, rebosan el recipiente y se hacen novela con la facilidad y el ritmo de un dictado. Las causas de tal maravilla se explican en el libro, que yo no las sé.

2 Comentarios a “Cincuenta años y dos meses”

  1. MIRANDA

    Vemos que la sala de la Casa de Galicia estaba llena de gente interesada en conocer tu nueva obra. Seguro que los tuviste bien enganchados con tu relato y ni se movieron para pestañear. De nuevo enhorabuena, boss.

    Es interesante esto que comentas de la gestación de un libro, no siempre ligada a profundas y sesudas elaboraciones, sino a menudo inspirada en recuerdos o situaciones puntuales. La muerte de una madre a la que quieres mantener viva un poco más. El temor pueril que convertía tus noches en pesadillas….

    Recuerdo que en un tiempo, los periódicos de sucesos, o espacios de radio o tv. relacionados con crímenes, estaban totalmente vetados para los niños bien educados. Los padres evitaban ese tipo de conversación morbosa, y solo algún caso singular, algun crimen múltiple muy sonado, saltaba a los tiernos oidos de los infantes.

    Pues bien, de aquellas chicas del rural que venían a la capital “a servir”, en realidad a vivir y convertirse en un miembro más de una familia middle-class, llegó a nosotros una muy aficionada a los sucesos.
    La moza compraba a escondidas “El Caso” y lo escamoteaba debajo del colchón. Cuando descubrí aquel tesoro prohibido, me dediqué a hojear aquel sangriento periódico e instruirme sobre las distintas desgracias de cada semana. Siempre a escondidas de los vigilantes padres de la época.
    Innecesario decir cuanto agradeció mi imaginación aquellos refinados asesinatos y sus morbosos detalles, que en ningun caso perturbaron mi sensibilidad.

    En fin, que nos alegramos de verte tan bien recibido y tratado en la Capital. Esperemos que se sucedan nuevas ediciones de tu criatura, porque su éxito asi lo demanda.

  2. Caplan

    Podría decirse que ya estaba madura, dicen, se sabe , que las decisiones que tomamos son antes , muy poco antes , decididas por el inconsciente, lo cual es raro,raro y también que el trabajo, las ideas y las decisiones mas maduras son fruto de este trabajo larvado, callado y extraño del inconsciente que da el placet a nuestro yo que nos parece mas real. En fin , que le llegó la hora y sería bonito saber cuanta sincronicidad hubo y posiblemente haya para que llegase la hora de poner negro sobre blanco, cincuenta años no es nada…

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