La ley mutante

Después del timo de la Grossa, el timo de Bruselas

Elsa Artadi, esa chica estupendamente educada en las universidades más coruscantes, miembro a su vez de la generación mejor preparada de la historia, lista donde las haya a poco que te fijes y con un apellido que significa encina de bellota, anuncia saber cómo desatascar la situación catalana y se lo quería explicar a ustedes con un símil futbolístico porque me parece un hallazgo coruscante de verdad.

(Perdonen la reiteración en el adjetivo, pero se lo oí el otro día a Michael Robinson y me impactó. ¡31 años en España y se ha puesto a ampliar léxico!)

A lo que íbamos. Imagínense que un nuevo equipo llega a la Liga y dice: “Este reglamento que tienen es muy bonito, pero no se ajusta a lo que queremos, de modo que vamos a cambiarlo. A partir de ahora, nosotros podremos alinear 14 jugadores, nuestra portería será mucho más pequeña y además estará prohibido que nos piten penaltis”. Seguro que no iba a gustar.

Pues eso es lo que ha dicho doña Elsa sin despeinar esa lacia cabellera rubia que tan bien combina con el lazo rubio de la solapa. La mujer está acostumbrada a cambiar las reglas. De hecho su verdadero nombre es Elsa Vila, pero Artadi, aunque vasco, es más molón. Ahora dice que la ley no les deja hacer el nombramiento telemático que ellos desean, por lo tanto, jambalají, jambalajá, ¡vamos a cambiarla!

Esto mismo lo expone Rajoy y se oyen los alaridos en la cara oculta de la luna, pero en boca de la dulce Elsa hasta parece un comportamiento de honda raigambre democrática.

¿Cómo que no? ¡Pero si es lo que quiere el pueblo! El pueblo quiere a Puigdemont aunque haya que cambiar las inmutables reglas del fuera de juego, de la 31 real en el mus o del enroque en el ajedrez.

Eso dice Artadi sin inmutarse, caudilla de Cataluña por la Gracia de Dios y para beneficio de Carles.

Un comentario a “La ley mutante”

  1. Tolodapinza

    Me temo que lo que dice públicamente Doña Artadi no concuerda mucho con lo que ella dice (y otros indepes también dicen) en privado. Diría que son declaraciones de mero “postureo”, en afortunado neologismo de la juventud actual. Ahora incluso el presidente del Parlament ha ido al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo a denunciar al Estado Español por poner trabas a la investiduranga de Puchimón. Pues muy bien, majete, otro postureo.

    El fugado de Bruselas está caducado, y eso lo sabe hasta el estilista capilar de Bruce Willis.

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