Fuego amigo

Napoleón, en plena demostración de su frase

Las mujeres no deberían aspirar a la igualdad, sino a la superioridad. Siendo los hombres como somos, tan poca cosa, tan miserables y manilargos como pingawáteres y abrazafarolas, eso de igualarse con nosotros es corta meta. En fin, es un consejo desinteresado.

Cuando se habla de igualdad, siempre se piensa en los sueldos, y no está mal hacerlo, porque el argumento es muy poderoso; a igual trabajo, igual sueldo. Pero tampoco debemos pensar que ahí se acaba todo. Más bien ahí comienza.

Napoleón dijo que las mujeres son máquinas de producir niños. Incluso utilizó el adverbio `solo`. Pero desprovista de la carga peyorativa que el emperador quiere darle a su frase, no hay grandes motivos para que la idea repugne.

Es más, deberá mantenerse mientras el objetivo sea que la humanidad no se extinga. Esa capacidad ya las hace superiores al hombre, aunque ni en sueldos, ni en otras muchas cosas, la sociedad parezca haberse coscado, de lo cual se deduce que vamos a pagarlo caro.

Por ese motivo, cuando un personaje público que dice luchar en la causa feminista aprovecha su posición de privilegio para propalar una necedad tan extraordinaria como la emitida hace unos días por Irene Montero, se llega a pensar que el principal enemigo de conseguir sus fines milita en las propias filas y nada efectivo podrá lograrse mientras miembras y portavozas sigan siendo la munición en esta batalla, pues son cargas que explotan en sus propias manos y causan bajas a cascoporro.

Dice el compañero de la osada que el objetivo es “visibilizar a las mujeres”. ¿Y cómo pretende mostrarlas? ¿Con orejas de burra?

Si para disimular sus carencias gramaticales hay que cargarse el diccionario, imagínense de qué serían capaces en física y química.

Un comentario a “Fuego amigo”

  1. Ramón

    ¿ Qué sería de nosotros, si en vez de Platón, Aristóteles, etc., fuesen estos “listos” los padres de la ciencia y las letras ?.
    ¡Pobriños de nos!.

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