Que lo detengan

Trincado, apresado y autorizado

A estas alturas del domingo, cuando el teléfono marca 6 grados, y las horas, y el índice Nikkei, y lo que le pidas, una duda jurídica viene a ocupar mi mollera para que se la cuente a ustedes y la compartamos en paz y armonía.

Se refiere a Puigdemont. ¿A quién si no?

El Tribunal Constitucional ha determinado entre grandes aplausos que el candidato propuesto para presidir el gobierno catalán se encuentra en busca y captura de la justicia, y por lo tanto, con el fin de proceder a tan distinguido nombramiento, antes debe desprenderse de su condición de prófugo, entregarse a las autoridades judiciales, y una vez que se encuentre a buen recaudo, solicitar el correspondiente permiso carcelario al juez para tomar parte en el aquelarre democrático.

Y ahora viene la duda. ¿Esto no era así desde las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, o se trata de una genialidad que se les ha ocurrido a los señores magistrados mediada la tarde del sábado? ¿Es una perogrullada o una agudeza nunca vista desde el juicio de Salomón?

Porque no digo yo que no esté bien traída al caso, que lo está, pero tampoco es para que repiquen las campanas de las iglesias en anuncio de un nuevo apotegma que viene a revolucionar el derecho público.

Cae de cajón que las pretensiones del fullero candidato y del cómplice presidente parlamentario _ organismo que nace y se desprende de la Constitución Española _, tenían que pasar por la detención del fugado. Cualquier otra solución dada al contencioso, incluida la de impugnar la candidatura sin más, nos habría retrotraído a Lynch o al Talión de Hammurabi.

Se nota que nos manejamos en mínimos históricos y que cualquier atisbo de legalidad nos parece asaz para darnos con un canto en los dientes.

3 Comentarios a “Que lo detengan”

  1. rois luaces

    Se les olvidó decir que no podía ir en pijama ni sin peinar (es decir, sin echarse sobre los ojos la greña que en Bruselas se tuvo que atusar un poco)

  2. Caplan

    Estamos en una ceremonia del desconcierto, ante el rey desnudo y en definitiva viendo entre las grandes rendijas del deterioro de un estado que casi no lo es, asistimos a un principio del fin de lo que es el Estado Español, llevamos el estigma de nuestra autodestrucción, es casi una tragicomedia con unos abundantes locos llevando el timón, en maquinas los currantes de siempre, los de la casta paria.

    No parece gustarnos mucho la buena educación, el respeto y las satisfacciones de una sociedad estable y desarrollada, somos culos de mal asiento, hay que marear la perdiz y que encima se escape ¡ jo !.

    Ya ni el Constitucional satisface, cada vez son mas burócratas, para eso mejor un software adecuado y punto, el gobierno, diso mio llamarle gobierno a estos y las autonomías ¿ autónomías de qué y de quien y para quien ? ostras Pedrin que esto no eh, esto no… ¡ leches ! . Confunden deseos con realidades y asi va la cosa.

  3. MIRANDA

    Cielos, ¿de qué hablábamos antes de Puchimón?
    ¿De qué hablaremos, si hay un después de Puchimon?
    ¿Por qué tanta conmoción por un tipo tan mediocre?
    ¿Cómo explicar que tenga en jaque al Estado?

    Hay algo peor que el hartazgo de la cansina matraca, y es el grave problema enquistado que subyace tras esa gentecilla vulgar e irrelevante

    El estrafalario Puchimon no es más que el símbolo o el síntoma de un movimiento rupturista que lleva décadas fraguándose, ante la pasividad de los sucesivos gobiernos españoles.

    No se trata de sacudirse de un manotazo al tipejo de la mopa, sino que España ha de hacer frente en el futuro al desafío vigente y activado que trabaja incansable por la fractura de la nación.

    Puede parecer que el golpe secesionista quedó fulminado pese a la floja reacción del Gobierno, pero nadie se engañe, el movimiento indepen sigue ahí. Se replegará, se reorganizará, corregirá fallos, pero volverá al asalto y si los dejan seguir controlando Educación, Medios, Instituciones, presupuestos, policía y TODO como hasta ahora, ampliarán los apoyos sociales y barrerán en el siguiente intento.

    Nadie se confunda. El Puchi es solo el martir ocasional. Vendrán otros.

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