El presi preso

Puigdemont y Marta Rovira, mañana

Quienes criticaron a Rajoy la cercanía de la convocatoria electoral con la aplicación del 155, durmieron llenos de razón. El bloque pro independencia apenas ha perdido dos peones dentro del recorte que deja a las CUP en cuadro, aunque con igual poder destructivo.

Por otra parte, Puigdemont ha hecho una campaña en la distancia con grandes beneficios, vendiéndose como figura mediática a medio camino entre Belén Esteban y Julian Assange, con presencia diaria en todos los informativos, con aureola de gran personaje internacional y lo mejor de todo, sin necesidad de bajar a debates, ni a mítines, ni a realizar ninguna defensa del mandato anterior, tanto por no haber hecho nada, como porque nadie le ha pedido cuentas.

La independencia, chaval, es otra cosa. ¿No lo entiendes? Si nos arruinamos, nos arruinamos de pies a cabeza, como los grandes jugadores de Montecarlo. Los que bajan la escalinata belle-époque del Casino protegiendo sus vergüenzas con un barril de madera que amablemente les presta la dirección.

Ése es el mensaje que la mitad de los catalanes _ exactamente el mismo porcentaje de antes _, dieron el jueves. Independencia aunque al final no quede una granja de conejos operativa en toda Cataluña. La ventaja de Rajoy es que no les ha dado tiempo ni para crecer, ni para reducirse. Lo único que han hecho ha sido recolocarse.

Casi como los constitucionalistas, aunque en su caso se han ido todos, con carros y carretas, a Arrimadas, un apellido que desde ayer les escuece más que un sabañón. La ganadora no es ni siquiera nacionalista. Pásame el Vichy Catalán, que me atraganto.

¡Ah! Algo es algo. Para materializar sus escaños van a tener que hacer encaje de bolillos. Compaginar los plenos con el tercer grado o que el presi preso aparezca detrás de unas gafas y un bigote.

Un comentario a “El presi preso”

  1. Tolodapinza

    La “débacle” pepera en Cataluña se gestó hace largo tiempo. Todo empezó cuando, si quería su apoyo parlamentario, Pujol le exigió a Aznar que le sirviera en bandeja de plata la cabeza de Alejo Vidal-Quadras. Y Aznar tragó. O traguvo, que ya no sé qué verbo le acomoda mejor.

    Alejo Vidal-Quadras era el político del PP catalán más activo, beligerante e implacable contra las “pujoladas” de aquella época y, en verdad, Pujol no podía contrarrestarle. Solución: negociar con el jefe de Alejo su apartamiento. Favor por favor. Yo te doy votos en el Congreso pero tú me quitas este forúnculo que me tiene loco. Entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera, ¿verdad?

    Aquella componenda entre trileros fue desembocando con el tiempo en tibieza progresiva y creciente, hasta el día de hoy. Tibieza ante la inmersión lingüística, tibieza ante las mamarrachadas de TV3, tibieza ante el adoctrinamiento escolar, tibieza, tibieza, tibieza…

    Parafraseando a Groucho Marx, el PP catalán ha ascendido desde la total pobreza hasta las cimas de la más absoluta miseria.

    Oye, que me alegro.

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